
Si hay algo que admire es el reconocimiento de los propios errores. Eso es lo que ha hecho la Conferencia Episcopal con motivo del día del Apostolado Seglar en este Pentecostés.
Reconocen la falta de formación de los laicos. Cierto pero no olviden monseñores que también hay laicos muy formados que se les vuelven díscolos. Sin embargo no se puede negar que se ha vivido una religión sociológica y que volvemos a vivir un resurgir cristiano mucho más personalizado. Quien descubre a Cristo y lo hace el motor de su vida, ama también a la Iglesia con sus aciertos y defectos. Las experiencias personales con sacerdotes, religiosos o religiosas son para muchos motivo de escándalo, así como las actitudes de cristianos devotos que no manifiestan en su vida ordinaria lo que podríamos considerar dones del Espíritu Santo.
En cierto modo todos estamos puestos en la picota y expuestos con nuestras propias miserias. Eso es motivo de anonadamiento personal frente a la bondad infinita de Dios. Nos hace suplicar la conversión de corazón, la trasformación por el Espíritu a una vida de gracia, donde podamos irradiar hacia los demás todo lo bello y lo bueno que tiene el Reino de Dios.
Si la Iglesia madre y maestra da pasos para que todos adultos podamos seguir recibiendo formación religiosa, más allá de las homilías dominicales y de los actos de piedad puntual, podremos trasmitir esa fe viva en nuestra familia y en nuestras relaciones sociales. Es un proceso largo y doloroso porque supone enfrentarse con la crítica despiadada e inmisericorde de quienes se fijan en la mota de polvo en el ojo ajeno pero no ven la viga en el propio.
Lo cierto es que los creyentes nos tenemos que sentir hermanos, conocernos, relacionarnos. Es una tarea que compete a los pastores de cada parroquia, de manera que la vida tenga por norte la fe. Porque si no somos luz del mundo difícilmente podremos transformar la sociedad, más bien será ella quien nos transforme a nosotros con sus ídolos de barro.
Pero ojo también tenemos que tener una sólida formación que nos haga comprender que la oración es el motor que pone en marcha nuestra relación con Dios y con los demás. No somos nosotros quienes transformamos a nadie con nuestra vida, es Dios que irradia a través de sus hijos cada uno de sus dones.
Nuestra condición de barro en las manos del Padre es una de las oraciones que más me gusta realizar. Ahora aprovecho para presentar en este día especial otra oración:
EL HIMNO AL ESPIRITU SANTO
Ven Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles,
Llena de gracia celestial
Los pechos que tu creaste.
Te llaman Paráclito,
Don de Dios altísimo,
Fuente viva, fuego, amor
Y unción espiritual.
Tú, don septenario,
Dedo de la diestra del Padre,
Por El prometido a los hombres
Con palabras solemnes.
Enciende luz a los sentidos
Infunde amor en los corazones,
Y las debilidades de nuestro cuerpo
Conviértelas en firme fortaleza.
Manda lejos al enemigo,
Y danos incesantemente la paz
,Para que con tu guía
Evitemos todo mal.
Danos a conocer al Padre,
Danos a conocer al HijoY a Ti,
Espíritu de ambos,
Creamos en todo tiempo.
Que la gloria sea para Dios Padre,
Y para el Hijo, de entre los muertos
Resucitado, y para el Paráclito,
Por los siglos de los siglos. Amén.
Yo deseo también reconocer mis errores y pedir perdón a quienes haya podido ofender con mis comentarios o mis artículos. No siempre es fácil superar la astucia de los provocadores, ni distinguir a comentaristas bienintencionados de quienes buscan la greña. Tampoco acertar en el tono y modo de tratar los acontecimientos de los que se habla. En cualquier caso, como diría la canción de Serrat “Hoy puede ser un gran día” para pedir ser pacificadores. Feliz día del Señor.
Carmen Bellver
Del Blog "Diálogo sin fronteras"
El Periodista Digital
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