
Hoy, 09 de mayo, la Iglesia conmemora a SAN ISAÍAS, quien según la tradición, muriera martirizado cortado en dos, en tiempos del rey Manases de Judá. Vivió en la segunda mitad del Siglo VIII a.C. y fue el mayor de los cuatro grandes profetas del Antiguo Testamento. San Pablo lo elogia entre los santos del antiguo testamento que "padecieron el martirio cortados". Los Padres de la iglesia lo celebran como "príncipe de los profetas" y Eusebio y Teodoreto como el "Máximo y divinísimo". Cirilo, Jerónimo y Agustín lo llaman el "evangelista y apóstol, más que profeta". Su sepultura habría estado localizada en Paneas, junto al manantial del río Jordán, y sus reliquias trasladadas a Constantinopla el año 442 en tiempos de Teodocio II. Su tumba era venerada hasta el siglo V d.C.Unidos pues a quienes dedicaron su vida a proclamar la palabra del Señor, brindemos nuestro vivo aplauso a SAN ISAÍAS.
Meditación
SAN ISAÍAS, recordar tu vida es verte en tiempos Osias, Joatam, Acaz y Ezequias, reyes de Judea, anunciar que Sión será redimida y una Virgen dará a luz al Salvador. La primera parte de tu profecía es de aflicción. Se denuncia el mal y se anuncia el castigo purificador. En la segunda parte que es de consolación, se describen los gozos del rescate y de la restauración. Fuiste consagrado a la tarea profética en una celebre visión que tu mismo describes. "Oí la voz del Señor que decía: - ¿A quién voy a enviar? Quién será nuestro mensajero? Yo respondí -Aquí estoy yo, envíame a mí". A través de tus mensajes descubrimos en ti un carácter fuerte, fantasía ardiente, elocuencia brillante, corazón magnánimo y, sobre todo, un gran celo por el honor de Dios y el bienestar del pueblo. En tus profecías encontramos más rasgos y alusiones del Mesías, el futuro Cristo, que en todos los otros profetas. Por eso, tus profecías son llamadas "el quinto evangelio". En ellas, tú hablas de la trascendencia de Dios, del Mesías, del heredero de David, del prodigio de virtud sobrenatural, del fundador de un imperio espiritual, de religión y de justicia, la que se extenderá a todos los tiempos y a todos los pueblos. Gracias a tu profecía, el mundo esperó al Siervo de Yahvé, enviado por Dios a salvar a Israel y a todas las naciones, quien, al mismo tiempo, será humilde y fuerte, maestro fiel a su heroica misión, y que al fin dará su vida en expiación de nuestras propias culpas.
Gracias San Isaías por tu palabra profética salida de esos labios que fueron consagrados con una braza ardiente. Ayúdanos también a nosotros a convertirnos en profetas de nuestro tiempo
Radio Vaticano
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