Saturday, June 07, 2008

Te conocía sólo de oídas...

Te conoía sólo de oídas, Señor, ahora te han visto mis ojos (Job 42, 5)


Nuestra vida cristiana comienza con el Bautismo, pero nuestro conocimiento en la fe, se desarrolla con el cumplimiento de la ley de Dios, la práctica del mensaje evangélico y sus consejos para vivir una vida auténtica cristiana, pero ¿se puede decir que conocemos realmente al Señor? o ¿basta con conocerlo de oídas y seguir un cristianismo árido y desencarnado? No me arriesgo mucho si me atrevo a decir que muchos de los que se llaman cristianos y llenan nuestras iglesias son de los que conocen al Señor tan sólo de oídas; los que cumplen por tradición o por la educación recibida. Lo vemos constantemente en nuestras parroquias: cristianos de “reloj en mano”, de los que cuentan los minutos de la homilía, de los que no aceptan pequeñas advertencias del cura de turno porque dicen que ese no es su “papel”, y están prontos para calificarlo como “fuera de la ley”. Estos no conocen al Señor, sólo han oído hablar de lejos, no han profundizado el evangelio, no saben ser cristianos o lo que es lo mismo: seguidores de Cristo.


Llegar a ver al Señor supone un cambio de vida, de costumbres, de actitudes, de modos de afrontar la realidad y las relaciones con los demás. ¿Soy pesimista por opinar así? No lo creo, veo la realidad y como mujer consagrada me gustaría ver en nuestras iglesias un poco más de “calor humano”, un poco más de compromiso y coherencia con la fe recibida.


Ver al Señor, con todo lo que supone la palabra “ver”, es tener unos espacios de tiempo dedicados exclusivamente a El, orando, alabando, suplicando, pero con El; es conocerlo personalmente y no por lo que me cuentan de El: a través de su historia personal, de sus seguidores, sus discípulos que nos hablan y dieron la vida por El; es sentirlo vivo en el interior de cada uno/a, no como algo extraño, sino como parte de nosotro/as mismo/as; es llegar a la Casa de Dios y sentirnos como en nuestra propia casa, con alegría y con entusiasmo, con la convicción de pasar un buen rato con quien sabemos nos ama. Es salir con el rostro transfigurado y sonriente después de haber comido el Cuerpo de Cristo, transmitiendo a todo/as el regocijo de quien ha compartido y participado en una fiesta, -como debe ser la Eucaristía dominical-.


Si realmente vivimos en y para Cristo, podremos decir con Job: “ahora te han visto mis ojos”, ahora me identifico contigo, ahora soy un poco más de Ti.


El día que en una Eucaristía – y no me refiero a celebraciones puntuales, sino a la de todos los domingos- se vibre de emoción y de gozo, creo que habremos avanzado un poco más hacia unas celebraciones vivas y auténticas.


Máriam Mudarra
Soy católica y además monja, y para más detalles "contemplativa", es decir, de las que "no salen a la calle", o salen lo mínimo para hacer las gestiones necesarias que cualquier ciudadano necesita hacer en la vida social.

Del blog "Vivir contemplativamente, una forma distinta de afrontar la vida"
Religión Digital

No comments: