De hecho, vino al mundo para devolver el hombre a Dios, pero no idealmente sino realmente, como pastor que quiere llevar todas las ovejas al redil. Y por nosotros, por todos nosotros, Jesús se encarnó, murió, resucitó y ascendió al cielo, llevando consigno nuestra humanidad.
Esta es la verdad, nuestra esperanza para el futuro: Dios en el hombre y el hombre en Dios. La descripción gráfica del Papa tiene un sorprendente efecto: la esperanza en Cristo es el ancla del creyente en el cielo. Este es el sentido de la Ascensión de Jesús: en él anclamos nuestra existencia terrena.
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