Friday, June 20, 2008

Equilibrios en la copa de un árbol


La verdad es que la imagen, a pesar de su falta de nitidez, habla por sí misma. La tomé hace una semana, por la calle. Ante tal escena no era yo el único que, por unos minutos, decidimos hacer una pausa y contemplar ... estábamos todos con una curiosa mezcla de fascinación y horror ante lo que veíamos.

Un hombre había subido a lo más alto de un árbol y ahí estaba, machete en mano, podándolo mientras él estaba en la copa del mismo, subido a unos 30 metros de altura y con la única sujección de una simple cuerda de seguridad. Nada más.

En el proceso de ir cortando ramas y con la caída de éstas, el árbol se cimbreaba y aquel hombre, con una sangre fría impresionante, aguantaba lo que se le venía encima y conseguía no perder el equilibrio ni caerse. No sé si esta persona era un jardinero profesional o simplemente un mandado a quien el jefe de turno le ordenó que se subiera hasta arriba. Prefiero pensar lo primero, pero no me puedo quitar de la cabeza que también perfectamente podría ser lo segundo.

Por desgracia, es muy normal que las desgracias ocurran mucho más frecuentemente cuando se tomen riesgos así. Y lo peor es que las normas laborales sean tan laxas que ni siquiera pongan responsabilidad alguna en nadie. Si el hombre se cayó del árbol... mala suerte. No le van a echar la culpa encima al sufrido empresario que lo contrató después que este haya hecho el esfuerzo de darle un trabajo. Y así tan contentos. En otra ocasión he mencionado que aquí nadie se sorprende al ver horarios laborales de 12 horas diarias, con descanso de dos días cada dos o tres semanas... y la ley no dice nada al respecto, como si fuera mejor un trabajo indigno y explotador que la ausencia de trabajo.

A veces me parece que África vive todavía en aquella fase que tuvo Europa durante la Revolución Industrial, en la cual era normal ver niños mineros, o empleos precarios y sin seguridad alguna o situaciones de verdadero escándalo como la empleada embarazada por el capataz e ipso facto despedida... todo esto no ha pasado... o mejor dicho, se ha trasladado de continente. Hace algunos siglos era en las cuencas industriales del Ruhr, en Bilbao, en las minas de carbón o los barrios obreros de Londres. Ahora estas lacras sociales alentadas por un sistema económico sin principios morales se han cambiado de continente. Tienen lugar en la mayoría de los países africanos (y en muchas partes de Asia y América Latina, sin duda) y lo peor es que o no hay legislación que proteja esto (no interesa crearla, sería contraproducente para las inversiones extranjeras y la “creación” de miles de puestos de trabajo económicamente rentables) o hay ya algunas leyes que apenas se aplican por las implicaciones sociales y económicas que tendrían.
Aquel sufrido podador en su tambaleante y peligrosa realidad se me sigue apareciendo de vez en cuando y lo veo balancearse a un paso de la muerte. Él representa para mí el destino de millones de personas que, en torno a mí, no tienen la más mínima seguridad en su trabajo, en su salud, en su futuro. Nosotros, los viandantes que pasamos por ahí, resignadamente nos conformamos con contemplarlo en su temeraria precariedad.
Alberto Eisman
Del blog "En clave de África"
El Periodista Digital

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