Por José María Martín OSA
1.- Conversión y seguimiento. Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio. Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo. Notemos, primeramente, que Jesús no aprueba ni alaba las actividades de los publicanos. Al contrario, pide a Mateo que lo deje todo y lo siga a El. Y Mateo sigue a Jesús sin titubear y sin chistar. En este episodio del Evangelio, narrado por su mismo protagonista, se ve claramente que Mateo se levantó de su escritorio, lo dejó todo y siguió a Jesús. La crítica vino luego, cuando Jesús fue a cenar casa de Mateo y estaba la casa llena de muchos otros publicanos y pecadores. “¿Cómo es que este Maestro se sienta con publicanos y pecadores?”, comentaban los Maestros de la Ley del grupo de los Fariseos, los cuales se ocupaban de la más estricta observancia de la Antigua Ley. La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).
2.- La mejor ofrenda es el amor. El Profeta Oseas nos recuerda que Dios quiere misericordia y no sacrificios. Jesús explica esta frase en el evangelio de hoy después de llamar a Mateo. Con ella pide a los que le critican que imiten su Amor y su Misericordia. Pero, ¿quiere decir Jesús que realmente no desea sacrificios y ofrendas? Bien analizada esta frase y comparada con otras, podremos tener su verdadero sentido. Recordemos esta otra instrucción de Jesús: “Si al presentar tu ofrenda en el altar, te recuerdas que un hermano tuyo tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ahí ante el altar, anda primero a reconciliarte con tu hermano y vuelve luego a presentar tu ofrenda” (Mt. 5, 23-25). No quiere decir, entonces, que el Señor no desea nuestras ofrendas, sino que primero y ante todo desea que le amemos a El sinceramente y que amemos a nuestros hermanos, como El nos ama. Si es así nuestra relación con Dios y con los demás, nuestras ofrendas serán entonces agradables al Señor. La mejor ofrenda que podemos hacer en el momento del Ofertorio es nuestra propia vida y nuestro deseo de seguir a Jesús.
3.- Perdonar como Dios nos perdona. El Señor nos llama a amar como El nos ama, sobre todo siendo misericordiosos como El es misericordioso. El Señor nos llama a saber perdonar, a saber “ponernos en la piel de los demás”, para poder ser comprensivos, compasivos, misericordiosos, magnánimos, bondadosos, etc. Sólo así Dios nuestro Señor aceptará nuestra ofrenda cuando vayamos a presentarnos ante el altar, cuando cada día o cada semana durante la Eucaristía nos presentemos ante El para pedirle perdón, para orar y para participar en su Mesa.¿Cómo podemos nosotros ser misericordiosos como Dios es misericordioso? A veces cuesta mucho, pues nuestra tendencia natural es el juicio, el resentimiento, la venganza. Pero la receta es sencilla: hay que amar a Dios primero; es decir, complaciendo a Dios en lo que El nos pide, entregándonos a El para hacer sólo su Voluntad; orar para descubrir y seguir la Voluntad de Dios. De esa manera, su Amor crecerá en nosotros para nosotros poder prodigarlo a los demás, y así ser también nosotros misericordiosos.
No comments:
Post a Comment