
En la primera lectura (Os 6, 3-6), el profeta nos indica: Esforcémonos por conocer al Señor. Quiero conocimiento de Dios.
En la segunda lectura (Rom 4, 18-25), San Pablo, pone de ejemplo la fe de Abraham, que creyó, contra toda esperanza.
Desde estas dos referencias, se comprende mejor el Evangelio (Mt 9, 9-13), en el que se relata la vocación de Mateo: vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
¿Cuál puede ser la causa, para que Mateo deje todo y siga a Jesús? Desde las dos lecturas primeras, se puede entender que, el seguimiento radical de Jesús, es posible únicamente por fe (Rom), y por la gracia de haberlo conocido (Os), amado, por haberse sentido fascinado por su persona.
Jesús puede pasar también por tu vida y decirte:
No quiero que me ofrezcas nada, te quiero a ti.
No me importan tus afanes, me importas tú.
No busques razones para nuestro encuentro, quiero estar contigo.
No andes preocupado por lo que me dices, me alegra escucharte.
No te importe el sentimiento, sino el sabernos juntos.
Por mi parte he decido estar contigo, y tú ¿quieres estar conmigo?
No te preocupes en mirar si mi agradas, me alegra el verte.
No busques, inquieto, temas de conversación, tu presencia me basta.
No intentes conquistar mi amor, sabes que te quiero desde antes de nacer.
No te justifiques de nada, sabes que te conozco por dentro.
No te entretengas en mil tareas, ¡vente conmigo!
No tengas miedo al silencio, yo lo habito.
No te espante la sensación de vacío, yo lo abrazo.
No huyas de la soledad, en ella es donde te espero.
No te obstines en tu mala memoria, yo soy sólo presente.
No te refugies en tu naturaleza, yo también la llevo.
No te bloquees por tu pobreza, te deseo a ti.
No anticipes fracasos ni futuros adversos, yo soy providente.
No dejes paso a la ansiedad, yo soy tu paz.
No te enredes en tus cuentas, yo soy más.
Prueba a permanecer en mí, y descubrirás la anchura de tu corazón: “SÍGUEME”.
Desde estas dos referencias, se comprende mejor el Evangelio (Mt 9, 9-13), en el que se relata la vocación de Mateo: vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.
¿Cuál puede ser la causa, para que Mateo deje todo y siga a Jesús? Desde las dos lecturas primeras, se puede entender que, el seguimiento radical de Jesús, es posible únicamente por fe (Rom), y por la gracia de haberlo conocido (Os), amado, por haberse sentido fascinado por su persona.
Jesús puede pasar también por tu vida y decirte:
No quiero que me ofrezcas nada, te quiero a ti.
No me importan tus afanes, me importas tú.
No busques razones para nuestro encuentro, quiero estar contigo.
No andes preocupado por lo que me dices, me alegra escucharte.
No te importe el sentimiento, sino el sabernos juntos.
Por mi parte he decido estar contigo, y tú ¿quieres estar conmigo?
No te preocupes en mirar si mi agradas, me alegra el verte.
No busques, inquieto, temas de conversación, tu presencia me basta.
No intentes conquistar mi amor, sabes que te quiero desde antes de nacer.
No te justifiques de nada, sabes que te conozco por dentro.
No te entretengas en mil tareas, ¡vente conmigo!
No tengas miedo al silencio, yo lo habito.
No te espante la sensación de vacío, yo lo abrazo.
No huyas de la soledad, en ella es donde te espero.
No te obstines en tu mala memoria, yo soy sólo presente.
No te refugies en tu naturaleza, yo también la llevo.
No te bloquees por tu pobreza, te deseo a ti.
No anticipes fracasos ni futuros adversos, yo soy providente.
No dejes paso a la ansiedad, yo soy tu paz.
No te enredes en tus cuentas, yo soy más.
Prueba a permanecer en mí, y descubrirás la anchura de tu corazón: “SÍGUEME”.
Ecclesia Digital
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