Esta semana la he pasado en el sur del Chad, intentando comprender la realidad de sus gentes y el impacto de las acciones que Intermón Oxfam apoya a través de las organizaciones de desarrollo locales.
En el periplo, cuando coincidíamos con una televisión encendida en algún bar o albergue me sentía como una extraterrestre. Tenía la impresión de estar escuchando noticias de otro planeta, en el que sus habitantes estaban presos del caos y del miedo a causa de lo que llamaban crisis financiera. Mientras, miraba a mi alrededor y veía a gente que vive con menos de un euro al día y me preguntaba qué debían pensar de tanta excitación.
Durante el viaje, pasamos un día reunidos con oenegés locales y organizaciones de productores de cacahuete para reflexionar sobre la comercialización de este producto. Para que os hagáis una idea, una familia "tipo" produce unos 5 sacos de 80 kilos de cacahuete que puede vender entre 18.000 Fcfa (27,4 €) y 80.000 Fcfa (122€), según la época y la cosecha del año. Esa es su fuente principal de ingresos financieros anuales.
Hace unos años, estos ingresos se aseguraban principalmente con el algodón y el cacahuete era el complemento, pero ahora el sector algodonero está en crisis y los campesinos no pueden fiarse de él (hay productores que tienen algodón almacenado de tres cosechas, sin que la sociedad estatal, único comprador, haya venido a comprarles la producción para la que se han endeudado).
El cereal que se produce se destina principalmente al propio consumo, pero para hacer frente a la necesidad financiera, normalmente en momentos en que el precio es inferior, muchas familias se ven obligadas a vender y, más tarde, a comprar su cosecha a los comerciantes por el doble de lo que la vendieron.
Éste es el contexto en el que se vive con el alza de precios, que provoca, además, el aumento de la vulnerabilidad de los ya atrapados en el ciclo infernal de la pobreza. Y en esta situación se instala la crisis financiera y parece inmoral ver cómo se puede movilizar fácilmente dinero fresco para algunas cosas y cómo cuesta para otras. Los 700.000 millones de dólares invertidos para salvar el sistema financiero americano representan cinco veces más del monto necesario para alcanzar los objetivos des Milenio.
El 16 de octubre, se celebró el Día de la alimentación. En Burkina, se lanzó una campaña de presión política con el lema: "Salvemos nuestra agricultura y nuestra alimentación". Este grito sale del fondo de las entrañas del 80% de la población, que depende de este sector. Para poder darles respuesta se necesitan fondos. Si la crisis financiera "mundial" desvía los fondos de la ayuda, esta crisis tendrá un impacto desastroso para los países pobres, que por ser pobres y no estar integrados en la economía mundial ven perplejos como se aterrorizan los países ricos.
Me pregunto: ¿qué deben pensar los que creen que el desarrollo tiene como meta llegar al estilo de vida occidental en estos momentos? Me pregunto: ¿qué piensan los teóricos del liberalismo y la desregularización y si son conscientes del impacto que sus equivocadas teorías tienen sobre los medios de vida "vitales" de la mayoría de los habitantes de este planeta? Los que sufren ahora la crisis económica son una minoría.
Imma de Miguel
nacida en Soria en 1968, es bióloga con un postgrado en medicina tropical. Actualmente, trabaja en la campaña por un comercio con justicia de Oxfam Internacional en la República de Benin.
Del blog "Miradas de África"
27 de octubre de 2008
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