Son nueve años de obispo: auxiliar y, después, residencial. Luis Quinteiro, prelado de la sede de Orense, intervino ayer en el foro cultural del periódico. Habló de cosas celestiales y, también, terrenales. Porque no sólo de pan vive del hombre. Asegura que «es una gran falacia que la religión sea un freno para la vida, como tampoco que la política constituya el opio de la fe» y sobre el bebé-medicamento matiza que «no se puede generar una vida en función de una utilidad, aunque sea para dar la salud». LO entrevista Jesús Hernández en La Opinión de Zamora.
- ¿El sentido de la existencia sólo puede estar bien determinado por la fe?
- Esa es una de las cosas que resulta necesario encontrar en el mundo de hoy. Otra gente diría que no, que el sentido de la vida puede alcanzarse fuera de la fe. Si se piensa en los grandes problemas, si no hay una trascendencia, más allá de esta vida, que la explique, es muy difícil que la existencia se explique a sí misma.
- ¿Ese "bebé-medicamento" tiene, para usted, contraindicaciones?
- Hay algunas cosas que se presentan desde la dimensión del sentimiento. ¡Quién no quiere salvar a un niño? ¿Quién no daría lo que fuera por devolver la salud a una criatura que está condenada a morirse, o sufriendo?... A partir de ahí, cuando se piense en un niño en función de éste, hay un paso. Hay que calibrar bien el alcance último de las acciones. Una persona tiene sentido desde sí misma. Es absoluta en sí misma. Podemos ayudarnos unos a otros, constituirnos en apoyo para los demás. Sin embargo, no se puede genera una vida en función de una utilidad, aunque sea tan humana y fantástica como la devolución de la salud a otra persona.
- Si la tuviera ahí, delante de usted, ¿qué le diría a Hanna Jones, la niña de 13 años que, por su enfermedad, no desea vivir´?
- Que me siento profundamente cercano a ella en este momento de su vida, que su enfermedad no es lo definitivo. Por lo tanto, hay una esperanza para ella... Y respetar absolutamente la decisión de esta niña.
- Que me siento profundamente cercano a ella en este momento de su vida, que su enfermedad no es lo definitivo. Por lo tanto, hay una esperanza para ella... Y respetar absolutamente la decisión de esta niña.
- ¿La fe religiosa cierra ventanas?
- El gran problema de la sociedad actual, sin darnos cuenta o dándonos cuenta, es que estamos entrando en una dinámica donde se rompe la consistencia de las creencias. Y no se puede entender el ser humano sin ellas. Toda persona tiene siempre algo que va más allá de lo inmediato. Este mundo, a veces superficialmente empirista, considera que la religión es un freno para la vida. Y se trata de una gran falacia. La fe no es un freno. Al contrario, da sentido a la vida. Y, por eso, nunca cierra ventanas.
- ¿Y también es razón?
- También. Es un aspecto que tenemos muy olvidado. La fe, puesto que trasciende los límites de la razón, no es racional en su dimensión última, pero sí es razonada. Se erige desde los pies de una vida que busca razones. Y en el camino de la prolongación de la razón se sitúa la fe. Cuando la razón agota sus posibilidades, se abre el camino a la fe.
- Principio y fin de la vida, familia y educación. Ahí se concentran las diferencias y los problemas. Relaciones Iglesia-Estado. ¿Lo de ahora es un armisticio?
- No. En la vida, hay momentos de gran tensión, a los que suceden otros de bonanza. Lo importante es esto. Que seamos, en cada instante, fieles a lo que creemos y a lo que somos. Pero la vida tiene esas oscilaciones. Lo ideal es que las cosas se hagan con serenidad, lo que no excluye que, si tengo que decir algo, porque así lo creo en conciencia, lo manifieste. Sin levantar la voz, pero con libertad.
- ¿Cuántas clases de laicidad hay?
- La laicidad es una dimensión de la vida, que, sobre todo a partir de la Ilustración, ha tomado características del laicismo. Y yo creo que debemos recuperar la sana laicidad, que es una actitud positiva. No se trata de una moda, sino de un imperativo de los tiempos que vivimos.
- ¿La política es el opio de la religión?
- No, no. Yo tengo una gran admiración por la política. Los grandes teóricos de aquélla son gentes con una gran dimensión altruista. Otra cosa son los juegos concretos de la cosa pública, pero resulta inevitable. Puesto que esa vida es costosa, dura y difícil, mucha gente le tira piedras en lugar de implicarse en ella.
- La iglesia prepara la beatificación de 800 mártires de la Guerra Civil en el año 2011. Se añaden a los 498 mártires de la persecución religiosa del pasado año. ¿No son muchos?
- No. Hay muchos más. Se dio a este acontecimiento, a quienes han entregado la vida por la fe en la Guerra Civil, una dimensión política que no tiene. La Iglesia no beatifica o canoniza porque hayan pertenecido a un bando o a otro en una tremenda contienda fratricida. Lo hace porque han sido fieles a su fe hasta el derramamiento de su sangre
- ¿Se imagina la labor social que podría hacer Cáritas con el dinero que los gobiernos, con esto de la crisis, dan a los banqueros?
- La acción de la caridad, quien la haga, siempre será esencial en la vida. No va en contra de la justicia. Aún en los casos de mayor justicia, la caridad tiene su sitio.
RD

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