
PROTAGONISTAS DE KENIA
¿De quién es la tierra?
Zipporah Mutanga Musembi vive en el distrito Machakos en Kenia donde trabajó con su esposo su finca de 4,4 hectáreas durante seis años. Cuando el esposo decidió vender la finca secretamente y abandonar a su mujer, Musembi lo perdió todo. Los nuevos “propietarios” de la tierra vinieron y demolieron su hogar. Musembi tuvo que mudarse a casa de su hermana mayor casada.
Theresa Wayua, es madre soltera de seis hijos, y un buen ejemplo de cómo la reforma agraria ha afectado la relación de las mujeres con la tierra y el trabajo que realizan. Theresa estaba en la escuela secundaria cuando quedó embarazada y fue expulsada del seno familiar por haber “deshonrado” a su familia. “Después de la muerte de mis padres”, recuerda, “uno de mis hermanos me dio una parcela de tierra donde pude construir una pequeña casa. Ocasionalmente trabajo en fincas donde se cultiva café, por lo que me pagan sólo 200 chelines kenianos (10 USD) al mes”. El hermano de Theresa le está pidiendo que se mude ya que quiere utilizar la tierra para otro propósito. Wayua, como tantas campesinas kenianas, depende de un miembro masculino de su familia para tener acceso a la tierra. Al igual que Wayua, muchas mujeres trabajan en grandes fincas donde ganan poco dinero.
Elizabeth Nzioki, investigadora del proyecto “Acceso a la Propiedad de la Tierra en Kenia” del CIID, en su estudio sobre la influencia de la reforma agraria en las mujeres concluye que a pesar de que la legislación agraria es buena, poco beneficiará a estas mujeres desheredadas. “Las pocas mujeres beneficiadas son las que disfrutan de una mejor situación económica En vez de mantener su papel tradicional de agricultoras y productoras, las mujeres se han visto transformadas en simples asalariadas”. Según Nzioki, “el título de propiedad es un instrumento legal que no solamente da a los hombres el control de la tierra, sino también el trabajo de las mujeres”.
Después que su esposo la abandonara con un niño incapacitado física y mentalmente, Ngii Musyoki se vio forzada a mudarse a otro lugar, distante unos 4 km. Sin ningún ingreso para comprar o arrendar tierras, encontró una parcela de tierra pantanosa libre y la reclamó como su “shamba” (finca). A pesar de que Musyoki ha trabajado esta tierra por más de 20 años, no le pertenece legalmente. Ella es lo que la municipalidad denomina “arrendataria con permiso tácito”, y puede ser expulsada de su finca con poco tiempo de aviso. Tampoco se le permite plantar cultivos que puedan producir dinero en efectivo como café o plátanos lo cual limita seriamente sus ingresos. Musyoki quiere obtener una entrevista con el comisionado de distrito en Machakos para discutir el problema de su “shamba”, pero Musyoki no puede ni discutir su reivindicación a la tierra.
Rebecca Kahmba,
Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (Canadá). CIID Informa, abril 1991
Ampliando miras:
LA TIERRA ES DE LOS HOMBRES (NO DE LAS MUJERES)
Según la FAO, las mujeres rurales, en particular son responsables de la mitad de la producción mundial de alimentos, y aproximadamente, del 60 al 80% de los alimentos de los países en vías de desarrollo; de hecho, las mujeres son los principales productores de cereales a nivel mundial (arroz, maíz y trigo), y su contribución en la producción de segundas cosechas (legumbres y vegetales) es aún mayor; además, sus cosechas, producidas frecuentemente en huertos familiares son fundamentales en épocas de escasez y sequía.
En la actualidad se está produciendo un proceso de feminización de la agricultura en los países menos desarrollados, debido a los episodios de guerra y el fenómeno de la inmigración, que afecta más a los hombres, quedándose las mujeres en las áreas rurales con sus hijos e hijas.
Gesto para hoy:
Regala una pequeña maceta a una mujer como símbolo de propiedad de la tierra que trabajan tantas mujeres y que debería ser suya.
Oración:
María,
Gracias por el valioso trabajo de tantas mujeres en el mundo.
Ayúdales a no caer en el desánimo
por la falta de reconocimiento
y enséñanos a nosotros a apreciarlo y admirarlo.
Amén.
y enséñanos a nosotros a apreciarlo y admirarlo.
Amén.

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Ágora Marianista
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