Saturday, June 21, 2008

Cañizares, el hombre de España en Roma

El Vaticano anunciará mañana su nombramiento como prefecto del dicasterio del Culto
Benedicto XVI lo quiere a su lado. El cardenal de Toledo, Antonio Cañizares, se va a la Curia romana. El Papa le va a nombrar mañana presidente del Dicasterio de Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Como ministro de Su Santidad, el primado se convierte en «el hombre de España en Roma» y la Iglesia española gana un valedor de peso en el corazón de la catolicidad.
El nombramiento oficial de Cañizares podría hacerse público esta semana. Fuentes de Roma y de Madrid aseguran a EL MUNDO que «la cosa está hecha». El puesto que va a ocupar es uno de los dicasterios (ministerios de la Curia) más importantes. Se encarga de velar en todo el mundo católico por la liturgia y la celebración de los sacramentos, una de las joyas del actual pontificado.
Hace años que se viene rumoreando la posible marcha de Cañizares a la Curia. ¿Por qué precisamente ahora? ¿Cuáles son las claves ocultas de su nombramiento?
En primer lugar, y ante todo, la especial amistad y sintonía que el Papa siente por él. Es vox populi que Ratzinger sólo nombra para puestos relevantes a gente de su absoluta confianza. Cañizares y Benedicto XVI se conocen desde hace años y comparten la misma visión de la Iglesia y de la sociedad. Ambos están especialmente preocupados por la pérdida de relevancia cultural de la institución, un aspecto clave para su presente y su futuro.
Cañizares se coloca al lado de su amigo, el Papa, y sale reforzado hacia dentro y hacia fuera. Es decir, se va a Roma con billete de ida y vuelta. Durante los próximos años será el hombre de España en Roma. Pero se convertirá en el hombre de Roma en España dentro de pocos años, cuando, por motivos de edad, salga de escena el cardenal Rouco Varela.
Mientras, Cañizares pone tierra de por medio. Como dicen en la Curia de Toledo, «su posición en España era muy delicada, sobre todo desde que se hicieron públicas sus discrepancias con Rouco a propósito de la gestión de la cadena de los obispos». Cañizares se lo debe todo a Rouco. Desde la mitra hasta sus sucesivos ascensos. La sintonía entre ambos era perfecta. En la sede de la Conferencia Episcopal se hablaba de «los tres antonios» (Antonio María Rouco, Antonio Cañizares, y José Antonio Martínez Camino).
Pero la troika se rompió, porque Cañizares considera que, en estos momentos, está en juego la «credibilidad eclesial». Y ante el mayor bien de la Iglesia, Cañizares no antepone nada ni a nadie. Ni siquiera a su amigo y valedor. «Se va a Roma, se retira un poco de la circulación y no se quema en la lucha diaria en España», dice un sacerdote amigo del todavía arzobispo de Toledo.
Circulan otras explicaciones. El círculo más cercano a Rouco asegura que ha sido él mismo «el que hizo todo lo posible para que lo llevasen a Roma, porque aquí lo molestaba y no se plegaba a sus criterios». Y venden la marcha de Cañizares como una prueba más del «poder de Rouco en Roma». Una tesis poco creíble, porque la estrella de Cañizares sube sin parar en el Vaticano.
Otra clave explicativa de la marcha de Cañizares es la que se maneja en fuentes gubernamentales: «Con ese gesto, el Vaticano da por cerrada la etapa de enfrentamiento con el Gobierno socialista y propicia una nueva relación de entendimiento y sana colaboración en esta nueva legislatura». Cañizares se entiende a las mil maravillas con María Teresa Fernández de la Vega, con la que dialogó en muchas ocasiones y consiguió acuerdos importantes, como el de financiación. La vicepresidenta siempre le ha agradecido su manera franca y directa de plantear las cuestiones y de resolverlas. En fuentes socialistas dan por hecho que la colaboración con Cañizares seguirá en Roma. Incluso para puentear o amenazar con puentear a Rouco.
Para apuntalar sus tesis, fuentes socialistas explican que Cañizares va a la Congregación del Culto y no a la de Familia o a la de Educación, dos dicasterios que le harían estar continuamente presente e influyente en la vida política española. «Al ir a Culto, tendrá menos incidencia pública en España y eso ayudará a distender las relaciones», dicen en La Moncloa.
En cualquier caso, Cañizares se va, el Gobierno respira y el cardenal de Madrid, también. El Primado deja la ciudad imperial por la ciudad eterna. Al lado del Papa, seguirá luchando con la misma pasión por la Iglesia universal. Su “cotización” eclesial sube enteros y algunos ya le colocan en una eventual rosa de futuros papables. Pero muchos echarán de menos al “cardenal de España”.
El Periodista Digital

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