Monday, June 16, 2008

El Señor es tu luz


Hay momentos en los que sólo puedes escuchar al otro, acoger al amigo que necesita de ti, al que comparte su vida desde la realidad que vive y sencillamente sientes que estás a su lado, acogiendo sus alegrías y sus días de sombra, donde de repente parece que se fue la luz y la vida le sorprende con distintas noticias que le hacen sufrir. Hace poco hablaba con una amiga y me pidió que orara por ella. Y ya desde el momento en que te abre el corazón, tú sabes que no ha de pedir nada porque ya la llevas en la oración.


Qué difícil se hace a veces cuando la otra persona necesita de unas palabras y tú no sabes si le darás lo que necesita pero si que pones la confianza en que como instrumento del Señor, es Él quien dará esa luz y lo que necesita quien te pide.


Lo importante es sacar hacia fuera todo lo que se pueda el momento de dificultad por el que se atraviese, poder compartirlo y eso no siempre es fácil, pero donde no hay luz es ahí dónde más fuerza da el Señor.


De repente me acordé de un salmo que le gusta y le dije busca al Señor en el salmo 26, ora, pégate al altar donde todo nace y perdura en el Amor.


En la distancia física que nos separa, voy a rezar este salmo cada día por ti, te tendré presente para que Él siga siendo tu luz y tu salvación. “Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”.



Salmo 26:


“El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados

para devorar mi carne,

ellos, enemigos y adversarios,

tropiezan y caen.


Si un ejército acampa contra mí,

mi corazón no tiembla;

si me declaran la guerra,

me siento tranquilo.


Una cosa pido al Señor,

eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor,

contemplando su templo.


Él me protegerá en su tienda

el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada,

me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza

sobre el enemigo que me cerca;

en su tienda sacrificaré

sacrificios de aclamación:


Escúchame, Señor, que te llamo;

ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón:

«Buscad mi rostro».

Tu rostro buscaré, Señor,

no me escondas tu rostro.


No rechaces con ira a tu siervo,

que tú eres mi auxilio;

no me deseches, no me abandones,

Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,

el Señor me recogerá.


Señor, enséñame tu camino,

guíame por la senda llana,

porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,

porque se levantan contra mí testigos falsos,

que respiran violencia.


Espero gozar de la dicha del Señor

en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,

ten ánimo, espera en el Señor”



Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.
Del blog "Mi vocación"
El Periodista Digital

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