Sunday, June 08, 2008

GENTE SOLIDARIA: La gran suerte de conocer a la mejor gente del mundo


Adela González
Ejecutiva bien pagada, deja su trabajo para trabajar en una ONG católica, como es Manos Unidas, y por supuesto, con menor prestigio social y menor sueldo. ¿Por qué? “Ahora tengo la gran suerte de conocer a la mejor gente del mundo, que son los misioneros”, afirma con dulzura
Adela González, farmacéutica de carrera y durante 14 años consultora de marketing en una de los grupos de alimentación más prestigiosos de España. “Estuve trabajando varios años como voluntaria de Manos Unidas, compaginando el voluntariado con mi trabajo formal, y después surgió la posibilidad de trabajar a tiempo completo hace cuatro años”.
Adela es la coordinadora adjunta del Departamento de cofinanciación. “Estoy muy feliz, trabajo en lo que más me gusta en la vida”, asegura esta salmantina de ojos negros y mirada limpia cuyo interés por África le viene de lejos. “Tenía 6 o 7 años cuando íbamos a visitar a una tía religiosa. Allí estaban las revistas Mundo Negro y Aguiluchos. Me llamaban mucho la atención. En los años 60 y 70 en España, África sólo era la cabeza del negrito de la Santa Infancia. El hecho de tener acceso a la realidad africana a través de una revista, donde ves que África es un mundo muy grande, con muchos paisajes, con mucha riqueza... era impresionante”.
También le ha marcado su compromiso en la parroquia. “Si intentas adquirir un compromiso cristiano serio, en algún momento reflexionas: ‘Yo he recibido mucho y ahora quiero dar’”. Su segundo encuentro “con África” fue en Alemania, donde conoció a algunos amigos africanos. “Descubrí a los africanos, con todos sus valores, su sensibilidad, su intelectualidad, sus conocimientos, su poesía... Fue un segundo hito”.
Desde ese momento Adela decidió trabajar en África. “Lo tenía clarísimo. Estudié Farmacia por compromiso familiar, pues mi madre es farmacéutica, pero también les dije a mis padres que si cuando acabara la carrera ellos estaban bien de salud y mis hermanos querían también estudiar Farmacia, yo me iba a África. Yo tenía claro que mi vida iba a ser para África”.
En 1985, recién terminada la carrera, se fue a Lubumbashi, en la R. D. de Congo, con Ekumene, un movimiento misionero laico. Allí estuvo tres años, donde puso en marcha un dispensario y un centro nutricional. “Las mujeres ponían todos los meses una pequeña cuota, y con los medicamentos que nos llegaban de Europa se suministraban cuidados básicos sanitarios”. En Lukotola, un poblado de la selva, ayudó en la formación de las mujeres. “Hoy los proyectos que teníamos siguen en marcha”.
Por ejemplo, en el terreno agrícola comenzaron a cultivar con la azada; después, en vez de comprar directamente el tractor de Europa, se pasó a los bueyes. Hoy, 25 años después, han hecho un centro de doma de bueyes, donde va gente de otros poblados a aprender a manejarlos. “Los yugos los hacen allí, en la carpintería, en el centro de formación profesional de Lukotola. Todo lo hacen allí: tienen carpintería, herrería, producción agrícola y ganadera”. Es así como entiende Adela la cooperación. “Los protagonistas de su desarrollo, los actores verdaderamente importantes son la gente del Sur, que tienen las capacidades para desarrollarse... Nosotros lo que hacemos es unir nuestras manos y llegar a donde ellos no llegan en forma de apoyo financiero y apoyo técnico, cuando lo necesitan. Pero los protagonistas son ellos”.
De Lubumbashi guarda un recuerdo inolvidable de todos los misioneros españoles. “Formábamos un equipo estupendo. Al frente estaba el P. José Coves, operario diocesano, que llegó en el año 1964, y ahí sigue”. Adela recuerda algunos consejos que le dieron la primera vez que fue a África: “Para aprender, lo mejor es tener la boca cerrada y los ojos y los oídos muy abiertos. Aprende y calla, porque es lo mejor que podemos hacer los del Norte cuando vamos al Sur. No podemos ir con ideas preconcebidas, ni como los salvadores, ni como los Reyes Magos. A África hay que acercarse despojado, hay que dejar la maleta en España. Yo siempre se lo digo a mis amigos, a mis hijos, uno ya con 18 años. Una de las cosas principales que aprendes en África es que se puede ser feliz con.¡tan poquito!”, asegura, poniendo énfasis en el “tan”.
De la revista Mundo Negro

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