
En una carta subastada en Londres y publicada por el diario The Guardian, Einstein dice: “La palabra Dios para mí no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana; la Biblia es una colección honorable, pero primitiva, de leyendas no obstante bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede (para mí) cambiar eso”.
Inmediatamente los amantes de titulares y simplificaciones se han frotado las manos, ignorando que Einstein creía en un “Dios que se revela en la armonía de todo lo que existe, no en un Dios que se interesa en el destino y las acciones del hombre”. Deseaba conocer “cómo Dios había creado el mundo”. En algún momento resumió sus creencias religiosas de la manera siguiente: “Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela en los más pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente”.
Y añadía: “La más bella y profunda emoción que nos es dado sentir es la sensación de lo místico. Ella es la que genera toda verdadera ciencia. El hombre que desconoce esa emoción, que es incapaz de maravillarse y sentir el encanto y el asombro, esta prácticamente muerto. Saber que aquello que para nosotros es impenetrable realmente existe, que se manifiesta como la más alta sabiduría y la más radiante belleza, sobre la cual nuestras embotadas facultades solo pueden comprender en sus formas más primitivas. Ese conocimiento, esa sensación, es la verdadera religión.
En cierta ocasión, en una reunión, se le preguntó a Einstein si creía o no en un Dios a lo que respondió: “Creo en el Dios de Spinoza, que es idéntico al orden matemático del Universo”.Es decir que Einstein nos ayuda a purificar nuestro concepto infantil de Dios, un Ser que nos maneja como marionetas.
“En su lucha por el bien ético –dice en otro lugar-, las personas religiosas deberían renunciar a la doctrina de la existencia de Dios, esto es, renunciar a la fuente del miedo y la esperanza, que en el pasado puso un gran poder en manos de los sacerdotes. En su labor, deben apoyarse en aquellas fuerzas que son capaces de cultivar el bien, la verdad y la belleza en la misma humanidad. Esto es de seguro, una tarea más difícil pero incomparablemente más meritoria y admirable.
”Podemos disentir en matices con Einstein sobre su concepto de Dios personal, por ejemplo. Pero yo comulgo con él en que la religión entendida como una guardería de adultos que se creen a pie juntillas hasta la manzana de Adán y Eva es perjudicial, como que la religión entendía como miedo y premio o castigo. Personalmente siento a Dios como uno con el mundo, y a este como una máquina autónoma puesta en marcha por él con sus propias leyes.
“En él nos movemos, existimos y somos”, decía Pablo. Muchos científicos actuales se han acercado a Dios a través de la física cuántica y las últimas partículas de la materia. Comparto con él que la mística es la verdadera religión.
Pedro Miguel Lamet SJ
Del blog "El alegre cansancio"
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