En estos días de Feria del Libro, un poco pasadita por agua como es tradicional, nos ha llovido del cielo una importante novedad: "VEN, SÉ MI LUZ.
LA NOCHE OSCURADE MADRE TERESA
Ya podemos asomarnos, con precaución y respeto, al hondísimo pozo de angustia, vacío, soledad y muerte de su espíritu en noche oscura. Así expresaba con desgarro la santa:
«Hay tanta contradicción en mi alma, un profundo anhelo de Dios, tan profundo que hace daño, un sufrimiento continuo, y con ello el sentimiento de no ser querida por Dios, rechazada, vacía, sin fe, sin amor, sin entusiasmo... El cielo no significa nada para mí, me parece un lugar vacío»
«En mi alma siento ese dolor terrible de pérdida, de que Dios no me quiere, de que Dios no es Dios, de que Dios realmente no existe...»
Se esfuerza la fundadora de las Misioneras de la Caridad en la total entrega a los hermanos necesitados. Su rostro alegre y bondadoso expresa la paz interior del corazón:
«Todo el tiempo sonriendo, dicen de mí las hermanas y la gente. Piensan que mi interior está lleno de fe, confianza y amor... ¡Si sólo supieran cómo mi apariencia gozosa no es sino un manto con el que cubro vacío y miseria!»
En el momento de recoger el Premio Nobel de la Paz manifiesta:
«El dolor interior que siento es tan grande que no me afecta nada toda la publicidad y el hablar de la gente.»
Imitando a Jesús, se identifica con su angustiosa soledad en la Cruz y, sobre todo, en Getsemaní. Se ofrece para sufrir expiatoriamente lo que falta a la Pasión de Cristo:
«He comenzado a amar mi oscuridad, porque creo que ésta es una parte, una pequeñísima parte, de la oscuridad y del sufrimiento en que Jesús vivió en la tierra»
Quiero vivir en este mundo tan alejado de Dios y que le ha dado las espaldas a la luz de Jesús, para ayudar a la gente cargando algo de sus sufrimientos.»
ALGUNAS REFLEXIONES FINALES
1.- Fijémonos en el título del libro: "VEN, SÉ MI LUZ", frase que escuchó a Jesús en 1947. Llega a aceptar y amar Madre Teresa su situación de noche sin luna. Y, desde ahí, descubre una importante misión:
«Si alguna vez llego a ser santa, seguramente lo seré de la “oscuridad”. Estaré continuamente ausente del cielo para alumbrar la luz de los que, en la tierra, están en oscuridad».
2. Para la religiosa albanesa el amor es voluntad, antes que sentimiento. Y esto hay que entenderlo tanto en la vida de relaciones humanas como en la vida de entrega a Dios.
Como bien explica el editor del libro de Teresa: "Un esposo o un padre no sienten siempre hacer algo, pero, aún si no siento, amo… Por ejemplo, tal vez preferiría ver el fútbol en la tele tomando cerveza al llegar a mi casa, tras un día duro de trabajo, pero encuentro a mi hijo que se ha caído y tengo que llevarlo a urgencias. No siento, pero amo a mi hijo y lo llevo al hospital."
3. La oscuridad interior de Madre Teresa se prolongó a lo largo de medio siglo. Pero en 1958 disfrutó un pequeño paréntesis, durante el cual pudo escribir gozosa:
«Hoy mi alma está llena de amor, de alegría indecible y de una ininterrumpida unión de amor.»
Si a partir de cierto momento ya no habla casi de ello, no es porque haya regresado la luz, sino porque se ha acostumbrado a vivir en la noche (y no puede olvidar aquellos luminosos instantes). No sólo ha aceptado la pérdida del consuelo divino, sino que reconoce la gracia extraordinaria que encierra.
4. A pesar de la sequedad espiritual, las tentaciones de ateísmo, el terrible sentimiento de abandono y rechazo divino, etc., podemos afirmar en ella una misteriosa confluencia de felicidad y dolor. En el fondo del alma, estas personas señaladas por Dios gozan de una paz y alegría desconocidas para el resto de los hombres, derivadas de la certeza, más fuerte que la duda, de estar en la voluntad del Señor.
En el próximo post cerraremos el tema, investigando la búsqueda de Dios de poetas y aventureros del Absoluto en oscuridad y niebla. Conoceremos brevemente lo terrible que fue la noche oscura de la otra Teresa, tan amada de nuestra Madre fundadora, Teresita del Niño Jesús...
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