
El fundador de la Familia Paulina no sólo dio a su «Familia» el nombre del gran evangelizador, sino que quiso configurarla y organizarla según su ejemplo, imitando su disponibilidad, su amplitud de horizontes, su entrega a un único objetivo. Se anticipó medio siglo a la apertura del Vaticano II a los nuevos medios de comunicación social.
Si el apóstol Pablo viviese hoy, en nuestra era tecnológica, espacial, en este tiempo de Internet y de los grandes medios de comunicación de masas, que amplían los horizontes de cada individuo y al mismo tiempo empequeñecen el mundo... Podemos imaginar muchas respuestas a este «si». Una puede ser esta: «Si san Pablo viviese hoy, cumpliría con los dos grandes preceptos: amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo sin ahorrarse nada... Por tanto usaría los púlpitos más elevados erigidos por el progreso moderno».
Genial respuesta. La dio el beato Santiago Alberione, el hombre que «rehizo a Pablo» fundando ese singular conjunto de personas y voluntades, de pensamiento y de iniciativa, que es la «Familia Paulina». Presente con unos 10.000 miembros entre hombres y mujeres en 800 centros distribuidos en 70 naciones de los cinco continentes, trabaja en la difusión del Evangelio «con los medios más rápidos y eficaces»: es decir, con la prensa, la radio, la televisión y el cine...
Genial respuesta. La dio el beato Santiago Alberione, el hombre que «rehizo a Pablo» fundando ese singular conjunto de personas y voluntades, de pensamiento y de iniciativa, que es la «Familia Paulina». Presente con unos 10.000 miembros entre hombres y mujeres en 800 centros distribuidos en 70 naciones de los cinco continentes, trabaja en la difusión del Evangelio «con los medios más rápidos y eficaces»: es decir, con la prensa, la radio, la televisión y el cine...
En el mundo católico hay otras instituciones, congregaciones y grupos religiosos dedicados también a esta actividad. Sin embargo, la «Familia Paulina» se distingue de todas ellas por dos motivos: es, con diferencia, la más numerosa y se dedica al apostalado de los mass media de forma exclusiva. Esta es la originalidad que le imprimió su Fundador, un hombre que supo calcar su vida y su actividad en la de san Pablo. Son innumerables sus exhortaciones a la «Familia Paulina» en favor de una fiel y creativa imitación del Apóstol, sobre todo en las dos convicciones que el beato Alberione consideró siempre fundamentales: «Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20); y «Anunciar el evangelio es para mí una necesidad, y ¡ay de mí si no anuncio el evangelio!» (l Cor 9,16-23).
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