SALIR DEL ZULOLa equivocación es quedarnos en el personaje, el ego que nos ata y nos encadena a la percepción del espacio y el tiempo.
Nos creamos nuestro propio zulo del que no podemos salir.
Esa es la fuente de nuestros sufrimientos. Alimentamos al ego como a un animal salvaje para que acabe él por comernos a nosotros mismos.
Porque el ego esta persuadido de que hay que aferrarse a la vida, ya que está convencido de que esta vida temporal es permanente.
Este es el error que hace a la gente infeliz. Pensar que alimentando al ego, me voy a quedar siempre así de guapo, sin arrugarme, sin cambios, conservando el mundo para mí cristalizado y a mi gusto, de forma absolutamente egoísta.
Cuando sales de tu secuestro es como si te quitaras la careta. Eres el otro.
El día que decides derrumbar esa imagen de tu propio altar, ese ídolo de ti mismo y dices “yo no necesito conservar esta careta, este personaje, esta idea de mi”, entonces despiertas a la libertad.
* * *
PIES EN EL ESCENARIO.
Ahora bien, no nos equivoquemos. Un día puedes tener un resplandor de luz. Relativizas el trajín de cada día y te dices, “la vida es otra cosa”. Pero desengañémonos, mientras vivimos, no podemos prescindir del personaje que estamos representando en el Gran Teatro del Mundo.
Y a veces llegamos a creer que somos realmente ese personaje, el ego pequeño: el futbolista, el ingeniero, el funcionario, la seductora, el poeta o el albañil. No hay teatro sin personajes.
Tenemos que interpretar algún papel para vivir, si no, estaríamos muertos.
Cualquier día te das cuenta y dices:
“¡Caramba si era sólo un papel!”
Eso ocurre, cuando te apercibes de que llevas una máscara, un disfraz.
Y cuando te has fundido con algo que trasciende lo anecdótico, un fuego impersonal que quema el ego, descubres lo que realmente era: un pensamiento, un sueño, un parpadeo en la pantalla de cine. Detrás está la luz infinita que permanece, mientras se suceden unos u otros fotogramas, que componen la película de tu historia. ¡Parecía tan real!
Pero mientras estás en escena tienes que bandearte en el campo de juego del ego; no hay más remedio.
Uno de los errores de algunos falsos místicos es pretender desencarnarse, refugiarse en las nubes antes de tiempo. Son un fracaso, su mensaje no llega a nadie.
Hay que vivir aquí y ahora.
Se trata de aceptar las reglas del juego y tener capacidad de verse al mismo tiempo desde las gradas del espectador.
Jesús lo dijo así:
“Estar en el mundo, pero no ser del mundo”.
“Mundo” en la segunda acepción significa quedarse en la superficie, en el personaje, el ego raquítico de la ilusión y el engaño. Expandir la conciencia y ver no es huir, es vivir a tope. Que la rosa es fugaz y eterna.
Pedro Miguel Lamet SJ
Del blog "El alegre cansancio"
21 RS
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