Sunday, December 19, 2010

Pagola: «Se alimenta la dimensión doctrinal de la fe, pero se olvida la adhesión vital a Jesús»


Publica 'El camino abierto por Jesús. Mateo' (editorial PPC)
«En la Iglesia actual hay más miedo que libertad, creatividad y confianza en el futuro»

El libro de Pagola sobre el evengelio de Mateo
Con su aproximación histórica a la figura de Jesús, José Antonio Pagola (Añorga, 1937) consiguió que un libro religioso se convirtiera en un best seller no sólo en librerías especializadas, sino también en grandes superficies. Con más de 80.000 ejemplares vendidos, la obra fue contestada por los sectores más conservadores de la Iglesia y se forzó su retirada. Mientras tanto, fue traducida a siete idiomas. Y se podía rastrear en internet. Tras la polémica, Pagola vuelve a las librerías con el primer volumen de una serie sobre los cuatro evangelistas. 'El camino abierto por Jesús. Mateo' (editorial PPC) está elaborado a partir de los comentarios que, durante 32 años, ha ido escribiendo semanalmente. Su objetivo es que cualquier persona interesada en buscar un sentido a su vida pueda conocer el camino abierto por Jesús accediendo a los relatos de los cuatro evangelios. «Sé cuanto bien hace Jesús a quienes se encuentran con él», afirma. Lo entrevista Ane urdangarín en Diario Vasco.
- ¿Este nuevo proyecto supone, como se ha señalado, un impulso a su 'rehabilitación' tras la polémica con su anterior obra?
- Son dos cosas diferentes. Respecto a mi libro 'Jesús. Aproximación histórica' he recibido estos días una noticia que me ha llenado de alegría. El cardenal Gianfranco Ravasi, renombrado biblista italiano, elegido por el Papa como presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, acaba de recomendar mi libro en una revista italiana, pues lo considera un estudio muy valioso para guiar a lectores no iniciados en el conocimiento de la historia de Jesús. Habla literalmente de «il modo piu trasparente per guidare il lettore non tecnico». También me llena de alegría saber que en primavera se publicará en japonés y que está muy adelantada la versión al croata.
- Volvamos a 'El camino abierto por Jesús'. ¿Mantiene el evangelio su fuerza de convicción en la sociedad moderna?
- El evangelio de Jesús es prácticamente desconocido por la mayoría de la gente. En la conciencia de muchos lo que queda es un mundo confuso de ideas religiosas captadas infantilmente durante la niñez, vividas luego de manera poco consciente y sin fuerza para tomar una decisión sobre la orientación de la propia vida. Incluso bastantes cristianos no sospechan la fuerza sanadora, el estímulo y el potencial de esperanza que se encierra en Jesús para enfrentarse a la aventura de la vida y al misterio de la muerte.
- En la presentación del libro ahonda en la idea de la renovación de la Iglesia, que adolece de «seguidores» de Jesús y en cambio propicia «adeptos a una religión». ¿A qué se debe este fenómeno?
- Ser cristiano es básicamente «seguir» a Jesucristo, identificándonos con su proyecto de vida más digna y justa para todos, y descubriendo en él a Dios acompañándonos hacia la salvación definitiva. Lo que sucede es que, muchas veces, se vive la religión cristiana de una manera distorsionada que hace olvidar la experiencia del seguimiento a Jesús. Con frecuencia, se inicia a los sacramentos, pero se descuida la iniciación al Evangelio; se alimenta la dimensión doctrinal de la fe, pero se olvida la adhesión vital a Jesús; se inculca la moral sistemática, pero no se enseña a vivir según el estilo de vida de Jesús.
- ¿Y qué propone?
- Centrar el cristianismo con más verdad y fidelidad en la persona de Jesús, su mensaje y su proyecto de vida. Volver a Jesucristo como el único que justifica la presencia de la Iglesia en el mundo, la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos. Esto significa dejarle al Dios, encarnado en Jesús, ser el único Dios de la Iglesia, el Abbá, el Dios amigo de la vida y del ser humano, el Dios de la compasión, que busca la salvación de cada persona por caminos que nosotros ignoramos. Dentro de una Iglesia centrada en Jesús es más posible seguir sus pasos.
- «Nos tenemos miedo unos a otros: la jerarquía endurece su lenguaje, los teólogos perdemos libertad, los pastores prefieren no correr riesgos, los fieles miran con temor el futuro», describe. ¿Qué le pasa a la Iglesia?
- En la Iglesia actual hay más miedo que libertad, creatividad y confianza en el futuro. Hasta cierto punto es explicable. La Iglesia se enfrenta a retos inéditos y percibe que ya no es suficiente acudir a la tradición del pasado. La gente se aleja de la fe y en la Iglesia no acertamos a traducir el mensaje cristiano a las categorías conceptuales y a la sensibilidad del hombre y la mujer de nuestros días. La Iglesia va perdiendo poder social e influjo cultural y, desde hace muchos siglos, no sabe lo que es vivir en minoría. En este contexto brotan más fácilmente reacciones generadas por el instinto de conservación que por el Espíritu de Jesús: búsqueda de seguridad a todo trance, conservación firme de la tradición, cumplimiento estricto de la normativa, control de la doctrina, autodefensa ante la sociedad moderna percibida como el «gran adversario de la fe». Recientemente el obispo francés, Claude Dagens, que fue secretario de la Conferencia Episcopal Francesa, ha escrito que en algunos sectores de la Iglesia «se hace de la fe una contra-cultura y de la Iglesia una contra-sociedad». En este clima no es fácil anunciar la Buena Noticia de Dios ni comunicar la compasión de Jesús.
-¿Posee la Iglesia el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual?
- Estamos viviendo en la Iglesia tensiones y conflictos entre sectores que interpretan el momento actual y entienden la misión de la Iglesia en la sociedad moderna desde sensibilidades y posiciones diferentes. Sería el momento de aunar fuerzas y de buscar juntos, con lucidez y responsabilidad, la «fuerza espiritual» necesaria para enfrentarnos al futuro. Creo que la hemos de buscar en Jesús. Es el único que puede reavivar nuestra fe. La renovación siempre ha brotado en la Iglesia impulsada por generaciones que han vuelto de manera más radical al Evangelio.
- «Si el cristianismo es percibido como asunto del pasado, cada vez interesará menos». ¿Por qué le cuesta tanto a la Iglesia dar pasos para modernizarse?
- Por lo general, en los inicios de las grandes religiones se observa una gran vitalidad y creatividad. Esto sucede también en los orígenes del cristianismo, cuando todavía está vivo el aliento de Jesús. Sin embargo, más tarde, el deseo de ser fieles a la experiencia fundante lleva con frecuencia a confundir fidelidad con estabilidad e inmovilismo. Es un grave error, pues sin creatividad y encarnación en la cultura de cada época, se corre el peligro de apagarse y languidecer. No se trata de modernizarse, sino de actualizar hoy la experiencia genuina y originaria del cristianismo. Creo que hemos de superar una concepción errónea. La Iglesia no es algo acabado que hemos de ir adaptando mejor o peor a cada época. Es un organismo vivo que ha de estar en génesis permanente, naciendo de Cristo en cada tiempo. Nuestra tarea no es ser fieles a una figura de Iglesia y un estilo de cristianismo desarrollados en otros tiempos y para otra cultura. Lo que nos ha de preocupar es hacer posible hoy el nacimiento humilde de una Iglesia, capaz de actualizar en la sociedad moderna el espíritu y el proyecto de Jesús.
- Los mensajes de la jerarquía no parecen ir por ese camino...
- Precisamente estoy leyendo la conversación del Papa con el periodista Peter Seewald. El Papa insiste en la necesidad de «definir de nuevo tanto la vocación de la Iglesia como su relación con la modernidad». Afirma que la «religiosidad tiene que regenerarse de nuevo en el contexto de la sociedad moderna para encontrar nuevas formas de expresión y comprensión». Insiste en que «hay que preguntarse siempre qué cosas, aunque hayan sido consideradas como esencialmente cristianas, eran en realidad sólo expresión de una época. Debemos regresar una y otra vez al Evangelio y a las palabras de la fe para ver qué es realmente lo esencial y qué se ha de modificar legítimamente con el cambio de los tiempos». La actitud de la Iglesia ante el mundo moderno cambiaría mucho si obispos, teólogos y pastores fuéramos capaces de interiorizar las líneas de evangelización que nos propone el Papa.
- ¿Qué cosas cambiaría si estuviese en sus manos?
- La conversión de la Iglesia no es tarea de un teólogo o un obispo, sino un esfuerzo sostenido por las generaciones cristianas a lo largo de décadas. A mi juicio, a los cristianos de hoy se nos pide reaccionar e iniciar la autocorrección, para transmitir a las generaciones venideras la actitud de conversión a Jesús como talante. Naturalmente, poco puedo yo cambiar las cosas, pero quiero contribuir en algunas tareas que considero necesarias y urgentes. Por ejemplo: revisar qué hay de verdad y de mentira en nuestra manera de vivir la fe cristiana, para caminar hacia mayores niveles de autenticidad; recuperar y cuidar mejor nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús, viviendo una relación más vital y de mayor calidad con él; centrar a las comunidades cristianas en torno al relato evangélico de Jesús.
- ¿Y qué pasará si no se inicia el camino hacia esa «conversión sin precedentes» de la que habla?
- Temo que, en algunos sectores, la fe cristiana se pueda diluir en formas religiosas cada vez más decadentes y sectarias, y cada vez más alejadas de lo que es el movimiento inspirado y querido por Jesús.

- ¿Cómo valora el desapego religioso de las nuevas generaciones?
- Lo que más me preocupa no es que los jóvenes se alejen de la misa dominical, sino que nosotros no seamos capaces de actualizar la celebración de la eucaristía para favorecer su participación viva, consciente y gozosa. Nuestros jóvenes son víctimas de la crisis religiosa, más que responsables. Me duele que no sepamos escuchar sus preguntas más hondas. Nos oyen hablar de preservativos y ellos necesitan al Dios revelado en Jesús. No los estamos educando para vivir la fe en una sociedad secularizada. A veces, al constatar el vacío interior de muchos jóvenes, su desamparo ante el futuro, pienso que, tal vez, serán ellos mismos quienes buscarán a Dios por caminos que nosotros no les sabemos señalar. Dios no ha abandonado a estos jóvenes que abandonan la Iglesia.
Rd

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