
Quiero ser como esa mujer.
Quiero tener valor para ponerme a tus pies, olvidando todo los demás.
Quiero darte mis lágrimas;
por todo lo que no he llegado a llorar, por todas las veces en que me he sentido solo y nadie ha estado cerca;
por todos los momentos de desesperación, de fracaso, de inquietud, de zozobra, de duda, de humillación;
por todo lo que he hecho mal pero ya no puedo cambiar;
por el daño que he hecho y el que me han hecho;
por los momentos en los que me he sentido tan lleno de rabia o de impotencia y me he rendido; por todas las heridas que no han llegado a cicatrizar y por las que ya están curadas.
Todo a tus pies
Y, entonces, sentiré que no hay reproche, ni paternalismo, ni indiferencia por tu parte, sino respeto.
Que no me miras con pena, sino con agrado.
Que ves en lo profundo y crees en lo que ves.
Y, como esa mujer sin nombre,
saldré de ese lugar renovado,
sabiendo que todo es posible,
que hay tanto por hacer,
y por vivir, y por creer, y por amar...
Jesuitas de Castilla
No comments:
Post a Comment