Benedicto XVI: “Nuestras existencias están profundamente unidas las unas a las otras, y el bien y el mal que cada uno realiza, toca siempre también a los demás. De este modo la oración de un alma peregrina en el mundo, puede ayudar a otras almas que se están purificando tras la muerte. Es por esto que la Iglesia nos invita a rezar por nuestros queridos difuntos y a detenernos ante sus tumbas en los cementerios. Que María, estrella de la esperanza, haga más fuerte y auténtica nuestra fe en la vida eterna y acompañe nuestra oración de sufragio por los fieles difuntos”.
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