
Miércoles, 19 mar (RV).- Dice Isaías (50, 4-9a) que el Mesías se ofrece voluntariamente a la obra redentora de Dios. Retrata a nuestro Cristo en toda su dimensión.
Con el salmo 68 reconozcamos la firmeza de ese Mesías que por Dios ha afrontado afrentas, que se desploma, pero que, en medio de la angustia, canta la alabanza de Dios. Judas, el hombre del puñado de monedas. No pudo escapar de la tentación del beneficio inmediato.Es más cómodo el éxito de este mundo, que ser fiel a una misión, como Jesús.
Por eso su mensaje permanece y ha llegado hasta nosotros. Le costó insultos, salivazos, latigazos y la cruz. Pero fue él quien dio la vida, no se la quitaron.
Radio Vaticano
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