Señor, haz que nos convirtamos en personas pascuales, hombres y mujeres de la luz, llenos del fuego de tu amor”. Con esta oración Benedicto XVI concluyó, ayer en la tarde, la homilía de la Vigilia pascual en la Noche santa, la “madre de todas las vigilias”, en la que la Iglesia celebra en todo el mundo la Pascua de Resurrección de Cristo.
La muerte de Jesús, explicó el Papa, es un acto de amor y su partida se transforma en una nueva llegada, en una forma de presencia que no se agota: “Él está presente, ayer, hoy y siempre”.
Durante la vigilia, como es tradición, Benedicto XVI bautizó a siete catecúmenos, dos hombres y cinco mujeres, una de las cuales era china y durante la homilía recordó que en el Bautismo el Resucitado “une su vida con la de ustedes. Ustedes se vuelven una cosa sola con Él, y de este modo una cosa sola entre ustedes”. Por eso los creyentes no son totalmente extraños unos a otros y “la fe es una fuerza de paz y reconciliación en el mundo”. En el bautismo, concluyó el Papa, Jesús nos llama a la verdadera vida y la luz de Dios entra en nosotros. “Esta luz de la verdad no queremos que se apague.
Queremos protegerla contra todas las fuerzas que quieren apagarla para dejarnos en la oscuridad sobre Dios y sobre nosotros mismos”.
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