
Durante siglos las generaciones cristianas han acompañado a Cristo camino del Calvario, en una de las más hermosas devociones Cristianas: el Vía Crucis
¿Por qué no intentar -no (en lugar de), sino (además de)- acompañar a Jesús también en las catorce estaciones de su triunfo?
Esta meditación pascual es la que encierran las páginas que siguen.
Esta meditación pascual es la que encierran las páginas que siguen.
Segunda estación SU SEPULCRO VACÍO MUESTRA QUE JESÚS HA VENIDO A LA MUERTE
Muy de madrugada, el primer día después del sábado, en cuanto salió el sol, vinieron al monumento.
Se decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del monumento?
Y mirando, vieron que la piedra estaba removida; era muy grande.
Entrando en el monumento, vieron un joven sentado a la derecha, vestido de una túnica blanca, y quedaron sobrecogidas de espanto.
Él les dijo: No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el sitio en que le pusieron.
(Mc 16, 2-6)
Hoy, al resucitar, dejaste tu sepulcro
abierto como una enorme boca, que grita
que has vencido a la muerte.
Ella, que hasta ayer era la reina de este mundo,
a quien se sometían los pobres y los ricos,
se bate hoy en triste retirada
vencida por tu mano de muerto-vencedor.
¿Cómo podrían aprisionar tu fuerza
unos metros de tierra?
Alzaste tu cuerpo de la fosa como se alza una llama,
como el sol se levanta tras los montes del mundo,
y se quedó la muerte muerta,
amordazada la invencible,
destruido por siempre su terrible dominio.
El sepulcro es la prueba:
nadie ni nada encadena tu alma desbordante de vida
y esta tumba vacía muestra ahora
que tú eres
un Dios de vivos y no un Dios de muertos.
Ecclesia Digital
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