A Bono le va su papel de socialista cristiano comprometido. Lo digo de verdad, y con alguna segunda intención. En su papel de Presidente del Congreso de los Diputados se comporta moderador tolerante, respetuoso, equilibrado y justo. Talvez esta su manera de dirigir a sus señorías sea más cercana a lo que se puede esperar de un socialista cristiano “declarado”, -rara avis- , que el berengenal en el que se ha metido, parece que a instancias del PP.
El motivo esgrimido para colocar la foto de la Santa madrileña en las dependencias del Congreso es razonable: resulta que la santa nació en una casa cuyo terreno ha ocupado ahora la ampliación del Congreso. Claro que si no fuera famosa y santa milagrera y popular nadie se habría acordado de ella. Pero el caso es que es santa de encendida devoción por parte de muchos madrileños, entre los que debe haber algunas señorías devotas. Así que la idea parecía entrañable, y el Presidente y la Mesa del Congreso se apresuraron a admitirla. El revuelo y la discordia posterior ha pillado a muchos de nuevas, si bien yo creo que algunos de los promotores de semejante novedad sabían lo que se hacían y eran conscientes de que estaban tensando la cuerda de un asunto muy sensible para el partido en el poder: la laicidad y neutralidad religiosa del Estado.
Reconozco que no soy neutral en las alabanzas y loores que se puedan dirigir a Santa Maravillas. El nombrecito ya se las trae. No es nada correcto “religiosamente” decirlo, pero es una santa que no me cae bien. El motivo es bien sencillo: la reforma que el Concilio pedía para todas las Órdenes e Institutos de Vida Consagrada esta santa la hizo a la “vicecontra”, volviendo a las esencias preconciliares. Que en los tiempos recientes se haya premiado la aplicación en poner trabas al Vaticano II, o directamente cargárselo, es algo que a mí personalmente no me satisface, por no decir en román paladino que me revienta. Claro que hay libertad de opinión en la Iglesia, y que muchos se deleitan en la devoción a la santa maravillosa, pero por esa misma libertad permitan que a otros nos desagrade. Gracias a Dios hasta hoy no es dogmático ni obligatorio que los santos canonizados nos caigan bien a todos.
Estuve dos años atendiendo como capellán un monasterio de carmelitas descalzas, que por elemental prudencia no voy a citar, y con mucho amor, mucha dulzura y fraterna caridad las monjas dejaban traslucir sin ningún género de dudas las pegas y contradicciones que observaban en la reforma de la madre Maravillas. Y es lo más suave y delicado que puedo trascribir.
Volviendo al Congreso, cuando ésto escribo no sé si va a prosperar o no la propuesta referente a Santa Maravillas. A mí me da lo mismo, y es muy posible que no esté de acuerdo ni con los argumentos a favor ni con los de en contra. Es un asunto menor, y el estilo con el que lo he tratado así lo indica. Pero quiero recordar que de vez en cuando los políticos nos quieren distraer mareando la perdiz.
Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara.
Del blog "El guardián del Areópago"
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