Tuesday, March 25, 2008

Vía Lucis, por Jose Luis Martín Descalzo


Durante siglos las generaciones cristianas han acompañado a Cristo camino del Calvario, en una de las más hermosas devociones Cristianas: el Vía Crucis.
¿Por qué no intentar -no (en lugar de), sino (además de)- acompañar a Jesús también en las catorce estaciones de su triunfo?

Esta meditación pascual es la que encierran las páginas que siguen.
Tercera estación JESÚS, BAJANDO A LOS INFIERNOS, MUESTRA EL TRIUNFO DE SU RESURRECCIÓN


Porque también Cristo murió una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios. Murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu y en él fue a pregonar a los espíritus que estaban en la prisión. (1 Pe 3, 18)

Más no resucitaste para ti solo.

Tu vida era contagiosa y querías
repartir entre todos
el pan bendito de tu resurrección.

Por eso descendiste hasta el seño de Abrahán,
para dar a los muertos de mil generaciones
la caliente limosna de tu vida recién conquistada.

Y los antiguos patriarcas y profetas
que te esperaban desde siglos y siglos
se pusieron de pie y te aclamaron, diciendo:
«Santo, Santo, Santo

Digno es el cordero que con su muerte nos infunde vida,
que con su vida nueva nos salva de la muerte.

Y cien mil veces santo
es este Salvador que se salva y nos salva.»

Y tendieron sus manos
brotó este nuevo milagro
de la multiplicación de la sangre y de la vida.
Ecclesia Digital

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