Visitando a un ermitaño en la
montaña del Oeste sin encontrarlo
Qiu Wei
En la cima, una cabaña con techo de paja,
tras un sendero en cuesta de quince kilómetros.
Llamo a la puerta: no hay criado.
Me asomo a la ventana: una mesa vacía.
Veo el destartalado carro: no fuiste de viaje.
Es posible que estés pescando en un arroyo.
Por poco no nos encontramos,
y eso que yo quería tanto mostrarte admiración.
El color de la hierba con las recientes lluvias
y el susurro de los pinos en tu ventana al atardecer.
He llegado hasta aquí para llenarme de tu tranquilidad,
percibiendo su eco en el corazón.
Aunque no pudiéramos hacer de anfitrión ni de huésped,
he intuido el significado de esta pureza.
Así que, cumplida la visita, bajo del monte.
¿Qué necesidad tenía ya de esperarte?
(Traducción de Alberto Núñez, s. j.)
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