Saturday, September 08, 2012

«Martini era un hombre libre y creativo»



Habla el padre Adolfo Nicolás, el Superior General de los jesuitas

GIACOMO GALEAZZICIUDAD DEL VATICANO
«Martini, hombre libre y creativo», palabra de «Papa negro». «El cardenal era un hombre que tuvo una gran influencia, no solo en la Iglesia y en la Compañía de Jesús», afirma el padre Adolfo Nicolás, hablando con la revista de los jesuitas italianos “Popoli”. En Milán, durante el funeral de Carlo Maria Martini, el Superior general de los jesuitas recordó al que fuera arzobispo de Milán, indicando lo que representaba para los jesuitas y para la Iglesia de nuestros días.

«Como se sabe, nosotros los jesuitas estamos muy contentos cuando uno de nosotros se convierte en obispo –precisó el padre Nicolás. La idea de San Ignacio era que podíamos servir mejor a la Iglesia sin asumir puestos, para ser más libres en el trabajo». El caso de Martini es uno de los que, a largo plazo, es evidente que «su nombramiento como obispo fue un servicio muy importante para la Iglesia, un servicio de apertura, de diálogo, con una pastoral muy espiritual y profunda, pero al mismo tiempo cerca de la gente». Es por ello que, por ejemplo, muchos jóvenes iban al Duomo de Milán a rezar cuando organizaba encuentros de “lectio divina”. «También fue un hombre muy creativo que puso a disposición toda su preparación, su espiritualidad y su conocimiento de la Biblia al servicio del pueblo de Dios –añadió Nicolás. La fuente de su creatividad nacía del hecho de que era un hombre muy atento a los problemas de los demás, libre de las preocupaciones de sí mismo».


Recientemente, Nicolás leyó una biografía de Steve Jobs: «Sostenía que su punto de partida era ocuparse siempre de las peticiones de los clientes, más que de las de los productores». Estos últimos siempre plantean cuestiones técnicas (cuáles materiales se pueden usar, cómo ensamblar un producto...). Para él, en cambio, eran más importantes las preguntas de los clientes, de los usuarios: ¿cómo se usa un instrumento? ¿Cómo se escucha? ¿Con quién me conecto? Estas son las preguntas que importan. En cierto sentido, Martini era un poco así: «era muy atento, como representante de la Iglesia, a su tradición y, justamente por esto, también se preguntaba: “¿Qué es lo que necesita la gente? ¿Qué es lo que nos sirve hoy? ¿Cómo se puede hablar con la gente joven, con los que no creen, con los agnósticos, con los ateos? ¿Cuáles son sus problemas?”. Pretendía partir de estas preguntas. Y fue eso lo que le permitió ser tan creativo y tan abierto». El purpurado biblista, «fue, para muchos jesuitas, un modelo por la forma en la que sabía plantear preguntas, que no tienen nunca respuestas definitivas, porque tienen que ver con el misterio de Dios (misterio de misterios), el misterio de la persona humana, il misterio de la historia».

Cuestiones que siguen pendientes. «Creo que fue el cardenal Ratzinger, en un libro de hace muchos años sobre la fe, el que escribó que todas las afirmaciones teológicas tienen un valor que se aproxima solo a la verdad, porque tratan de responder a grandes preguntas que no tienen una definición última –explicó el padre Adolfo Nicolás. ¿Cómo se puede definir a Dios? ¿Y la persona humana? La persona, en cambio, es libre, tiene un corazón, sentimientos, libertad. Permanece abierta». Claro, «las cuestiones relacionadas con las personas y, sobre todo, con grupos humanos están sujetas a la libertad, a la búsqueda, a la apertura». Por ello, el cardenal Martini era consciente de esto y nunca estaba satisfecho con las respuestas limitadas. En cambio, otra cosa es cómo plantear esta consciencia de manera orgánica dentro de la Iglesia, es una cuestión de comunicación: «Siempre hay alguien que trata de ir en contra de una expresión imprecisa o que no comparte», observa el Superior de los jesuitas. «Incluso Marshall McLuhan, el gran experto de comunicación, decía con cierta ironía que “a veces, citan mis frases para usarlas en mi contra, pero la gente debe entender que no siempre estoy de acuerdo conmigo mismo”. Significa que las cosas cambian, hay matices, aspectos que mutan. Y, naturalmente, también las personas».

Vatican Insider

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