Thursday, February 07, 2008

Consideraciones, orientaciones y deseos del Papa Benedicto XVI a los jesuitas por José Barros Guede


El 10 de enero de 2008, el papa Benedicto XVI dirigía una carta al P. Peter-Hans Kolvencbach, entonces, General de la Compañía de Jesús, con ocasión de su renuncia a tan importante cargo vitalicio, de la elección de su nuevo sucesor y de la celebración de la 35 Congregación general, donde, después saludarles y reconocerles su contribución valiosa y benemérita a la Iglesia, les hace unas consideraciones, orientaciones y deseos.
Las consideraciones son: “militar para Dios bajo la bandera de la cruz y servir sólo al Señor y a la Iglesia su esposa, bajo el Romano Pontífice”, Vicario de Cristo en la tierra”, (Litt. Ap. Expocit debitum, 21 julio 1550); que constituye, dice, “la peculiar fidelidad, sancionada también, para no poco de vosotros, por un voto de obediencia inmediata al sucesor de Pedro (pereinde ac cadáver), siendo la señal distintiva de la Orden”.

San Ignacio de Loyola, fundador de dicho Instituto religioso, le llama Compañía de Jesús, palabra militar que proviene de los términos latinos “cum” y “panis”, que significa compartir el pan. No le llama Orden de Jesús o de Ignacio de Loyola. Con la expresión, Compañía de Jesús, quiere significar dos cosas: primera, los jesuitas deben estar organizados, de una forma similar, como los militares cuyas características son mando único, obediencia inmediata y disciplina, y segunda, compartir el pan y la vida como discípulos y hermanos de Jesús.

San Ignacio de Loyola concibe y quiere que la Compañía de Jesús sea una monarquía absoluta a la orden de un Superior General vitalicio que gobierne a sus súbditos de acuerdo con la Constitución y el Reglamento establecidos, bajo los tres votos religiosos de pobreza, obediencia y castidad que constituyen la esencia de la vida religiosa consagrada a Dios, junto con la vida comunitaria, y un cuarto voto de obediencia inmediata al santo Padre, Vicario de Cristo. Quiere, además, que el voto de obediencia sea de entendimiento, voluntad y ejecución, y el de pobreza sea adaptable a la realidad de cada casa y de cada persona, sobre todo en misiones.
El P. Peter-Hans Kolvenbach decía, “la Compañía de Jesús es una monarquía absoluta atemperada por una desobediencia generalizada, y por un doble gobierno en la práctica, el P. General que agrupa al personal y el Papa, Vicario de Cristo, que los dispersa” para servir a la Iglesia en tierras de misión proclamando la fe cristiana donde no existe o donde hay controversia entre la fe cristiana y la ciencia.

A lo largo de la historia, la Compañía de Jesús, desde su aprobación por el papa Paulo III, en 1540, ha servido admirablemente a la Iglesia, a las órdenes del santo Padre, y sirve hoy día, prestando grandes e importantes servicios en la evangelización de infieles, ateos y agnósticos por medio de sus misiones, en la enseñanza, educación, cultura e investigación científica por medio de sus escuelas, colegios y universidades, y en la espiritualidad cristiana por medio de los Ejercicios espirituales de san Ignacio y a través de los medios de comunicación y de las diversas publicaciones, particularmente, de teología y filosofía.

Este servicio leal a Dios (“ad mayorem gloriam Dei”), al Señor Jesús, a la Iglesia y al Vicario de Cristo, y sus características propias institucionales ha ocasionado a la Compañía de Jesús muchos injustos trabajos, sufrimientos, incomprensiones, calumnias, persecuciones, extrañamientos nacionales (solo cinco en España), martirios personales e incluso su disolución por el papa Clemente XVI, General de los religiosos franciscanos, en 1773, ante las enormes presiones injustas de los Reinos de Francia, Portugal, España, Nápoles y Parma. Pero de estas situaciones injustas la Compañía de Jesús ha renacido siempre con más fuerza y vigor, siendo actualmente la Orden religiosa más numerosa y más importante que tiene la Iglesia en el mundo.
El papa Benedicto XVI le señala en su citada carta las siguientes orientaciones, “reafirmar, en el espíritu de san Ignacio, la adhesión total a la doctrina de católica, y en particular en los siguientes puntos neurálgicos hoy fuertemente atacados por la cultura secular”, a los que el nuevo P. General, llama “desafíos” y quiere dar una respuesta. Estos son:
1º- “la relación entre Cristo y las religiones”.
2º- “algunos aspectos de la teología de la liberación”.
3º- “varios puntos de la moral sexual, sobre todo en lo que se refiere a la indisolubilidad del matrimonio y a la pastoral de los homosexuales”. Sobre ellos quisiera poner mi granito de arena y dar humildemente mi opinión por si pudiera ser útil.

Sobre el primer punto, “la relación entre Cristo y las religiones”, me parece y entiendo que a “Cristo” hay que presentarlo como Logos, más que como Jesús de Nazaret y a la Iglesia como Reino de los Cielos en Asia, donde vive la mayoría de la humanidad y donde las religiones mayoritarias son el budismo y el shintoismo siendo la religión católica es el tres por ciento. Esta presentación de Cristo como “Logos” debe ser hecha mediante el diálogo y el debate con las más religiones. Los asiáticos no tienen mentalidad cartesiana.

El nuevo P, General, Alfonso Nicolás Pachón, decía en su homilía eucarística, al día siguiente de su elección, el pasado 19 de enero, “hay que aceptar lo diferente, sonreír ante las dificultades, ante la imperfeccione humana, ante la realidad humana”, porque “la verdadera religiosidad es ir al fondo de las cosas, al fondo de las personas, tanto si hablamos de Dios como si hablamos de nosotros mismos”. Es decir, tenemos que ser más tolerantes y más moderados y menos radicales. Los cristianos, si en algo debemos ser radicales, es precisamente en el amor a Dios y al prójimo y en la crítica de la hipocresía. En lo demás debemos ser tolerantes porque el amor, como enseña san Pablo, todo lo tolera.

Sobre el segundo punto, “algunos aspectos de la teología de la liberación”, que en América Latina está de moda, la Iglesia debe predicar y practicar una acción política liberadora de la miseria y de la pobreza espiritual y material, sin odio, sin violencia y sin venganza contra sus opresores, imitando a Cristo sufriente que vino a este mundo para librarlos del mal y de las injusticias personales y sociales y para que “tengamos vida abundante”. Las Conferencias episcopales latinoamericanas de Medellín (1968), de Puebla (1979) y Sao Paolo (2007) han declarado la opción por los pobres.

En este sentido, el nuevo P. General de la Compañía de Jesús también decía, en dicha homilía, “como jesuitas, como cristianos y como pueblo de Dios somos servidores de la Iglesia, del mundo, de los hombres, del Evangelio” conforme a lo dicho por san Ignacio de Loyola, “en todo servir y amar”, y a lo manifestado por el papa Benedicto XVI, “Dios es amor, esencia del Evangelio. La fuerza del servidor es Dios, nosotros no tenemos otra fuerza”.

Continúa, “las fuerzas externas de la política, de los negocios, de los medios de comunicación y las de la investigación, estudio y títulos no valen”. Además de las naciones geográficas, dice, existen, hoy día, “otras naciones humanas que reclaman nuestra asistencia, los pobres, los marginados, los excluidos, estos son nuestras naciones para los que la salvación es todavía un sueño, un deseo”.

Sobre la “indisolubilidad del matrimonio y la pastoral de los homosexuales”, entiendo, que existen grandes diferencias de gran alcance, moral y jurídico entre determinados Estados políticos y la Iglesia católica. Mientras determinados Estados legalizan el divorcio y los matrimonio del mismo sexo (homosexual o lesbiano), la Iglesia no reconoce dicha legislación al defender el matrimonio indisoluble y exclusivo entre un hombre y una mujer, como doctrina de fe cristiana. Consecuentemente se crean graves situaciones conflictivas jurídicas y morales de conciencia y de fe entre cristianos católicos, que hay que tratar de resolver humana y cristianamente.

La solución no es fácil, es complicada debido a problemas personales, sociales, culturales y políticos. Estos temas, en mi opinión, deben resolverse mediante un tratamiento preventivo cultural y educativo enseñando a nuestros ciudadanos, en las etapas de la pubertad y juventud, la necesidad y conveniencia de matrimonios estables y duraderos entre un hombre y una mujer, si quieren ser felices como fueron sus abuelos y antepasados; explicando que el divorcio, como vemos hoy día, acarrea graves problemas personales, familiares, sociales, jurídicos y religiosos.

Ahora bien, para un matrimonio estable y duradero es necesario encontrar la pareja adecuada, sana, no egoísta y de similar cultura, con la que mediante un diálogo abierto y sincero ambos contrayentes lleguen a un mutuo entendimiento y comprensión sobre la vida, convivencia, trabajo y familia….

Si la unión o convivencia del matrimonio fallase y no hubiese otra alternativa más que el divorcio, es necesario encontrar una solución pastoral a este estado; que podría ser adaptar las nulidades eclesiásticas a las leyes de divorcio para que los divorciados puedan contraer nuevo matrimonio y puedan participar en la comunión eucarística. De este modo, se evitaría que muchos cristianos católicos no vivan atormentados en su conciencia por su situación religiosa dentro de la Iglesia católica o vivan fuera o al margen de la misma.

Sobre los matrimonios de mismo sexo, la Iglesia católica no puede reconocerlos como tales, porque van contra la naturaleza humana, contra la fe, contra la razón, contra la historia y contra el sentido común de la humanidad de ayer y de hoy. Los matrimonios son esencialmente para concebir y educar hijos a fin de que la vida humana continúe. Consecuentemente no hay discriminación alguna persomal al no legalizar los matrimonios del mismo sexo.

En mi opinión, los matrimonios del mismo sexo son inmorales, anticristianos, antijurídicos y de graves consecuencias familiares y sociales. Sin embargo, la Iglesia ha de tratarlos pastoralmente con mucho amor y atención, admitiendo la legalidad de las uniones civiles por razones de herencias, pensiones y asistencia de Seguridad Social.

Finalmente, los deseos del papa Benedicto XVI son, “la Congregación general reafirme con claridad el auténtico carisma del Fundador para alentar a todos los Jesuitas a promover la verdadera y sana doctrina católica, en el campo de la teología, espiritualidad y misión, tarea que considera que no es fácil, sobre todo en contextos sociales y culturales muy diversos, donde hay que confrontarse con mentalidades diferentes”.

El 28 del mes pasado de enero, el nuevo P. General, Alfonso Nicolás Pachón, visitaba al papa Benedicto XVI que le recibía con agrado en su despacho papal, manifestándole que se había formado un comité para estudiar su carta que le había enviado a su antecesor. Le entrega un sobre que contenía el escrito de la renovación de votos de la Compañía de Jesús al santo Padre, como Vicario de Cristo, del mismo modo como ya lo había hecho su anterior General dimitido.
Abierto el sobre por el Papa y leído su contenido, le dice, “esta es muy buena tradición”, y le anima “a continuar sus esfuerzos en el diálogo con la cultura, la evangelización y la formación de los jóvenes de la Compaña”.

El 19 del pasado enero, el P. Adolfo Nicolás Pachón había sido elegido General de la Compañía de Jesús. Es español, de 71 de edad, nacido 29 de abril de 1936, en Villamuriel de Cerrato, Palencia, licenciado en Filosofía y doctor en Teología. Fue misionero muchos años y provincial en Japón, secretario de la Congregación general que eligió a su antecesor, y era moderador de la Conferencia jesuítica de Asia Oriental y Oceanía.

Quienes le conocen afirman es una persona sencilla, alegre, inteligente, con sentido del humor, cercana, agradable y muy buen orador. Dice, que no es “el P. Arrupe” pero que “ama y admira al P. Arrupe”, quien ha influido en él. Manifiesta “estar hecho para la realidad en que se encuentra, estando en proceso, in fíeri, hasta que se convierta en lo que Dios quiera de él”. Su actitud actual, es la de “escuchar, obedecer y saber lo que lo que quiere la Congregación general y como responder a los desafíos del santo Padre”.

José Barros Guede
ACoruña, febrero del 2008

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