Wednesday, February 06, 2008

Miércoles de Ceniza

Entrevista a una hambrienta
Nana sólo tiene 22 años, aunque aparente más. Hace 10 días que parió dos niños, a los que contempla angustiada porque apenas tiene con qué alimentarlos.

Nana Buei es sólo una entre cientos de miles de mujeres que comparten la misma tragedia, madres de esos 800.000 niños gravemente afectados por el hambre, condenados a padecer las consecuencias de la desnutrición crónica. Entre ellos más de 130.000 se encuentran bajo riesgo de muerte.

Nana, fue entregada en matrimonio a la edad de 12 años con Abdú, un humilde campesino poco mayor que ella. No tardó en quedarse embarazada, dio a luz un niño prematuro que vió morir en sus brazos en pocos días. «Desde entonces sentí una pena tan honda que mi cuerpo no pudo tener más hijos. Como es natural mi marido quería tener descendencia y se avergonzaba de mí ante su familia y sus amigos. Los hijos son necesarios, sin ellos nada tiene sentido, la familia no existe y no hay futuro» dice Nana.

Su marido podía haberla repudiado pero no quiso hacerlo. Prefirió tomar una segunda esposa. «Aunque éramos y somos muy pobres, comprendí que Abdú necesitaba otra mujer. Ella le ha dado seis hijos, todos los que yo no pude; se queda embarazada cada año y yo la ayudo a criarlos».

No es una tarea fácil sacar adelante una prole numerosa en el sur de Níger, con una renta diaria de ochenta céntimos de euro diarios. Sin embargo, las mujeres tienen siete u ocho niños, de los que suele morir un par, y obran el milagro de alimentarlos, pese al injusto reparto tradicional de los ingresos en las familias campesinas. La cosecha se divide en tres partes; una se destina al comercio, otra al disfrute exclusivo de patriarca, y la última queda para la mujer y los hijos.
Inesperadamente, en el peor momento posible, Nana volvió a quedarse embarazada. La preocupación económica enturbió la alegría familiar, sobre todo, cuando parió dos bocas más. Curiosamente es en las épocas de hambre cuando más gemelos nacen. «Me llevé una alegría inmensa al tener dos niños varones. Pero al mismo tiempo estoy muy triste porque mis pechos están secos y como mi marido vendió las cabras no tenemos una sola gota de leche» Sólo dispone de agua con azúcar para alimentarlos.
La dieta básica es el mijo con agua, cocinado de distintas formas, pero el elevado precio de los cereales los vuelve inasequibles. Por eso hoy cocinará una pasta verdosa, hecha con yerbas, hojas y raíces, enriquecida con anza, un fruto parecido a las aceitunas verdes sin madurar. Se trata de vegetales ricos en proteínas, pero que han de ser hervidos durante muchas horas por su elevada toxicidad.
«De la vida de mis hijos depende la mía. Si ellos mueren yo no tendré fuerzas para seguir adelante» Las palabras de Nana, pronunciadas en voz muy baja y con una tremenda serenidad en los ojos, describen la tragedia colectiva del hambre en Níger. Pero nadie parece escucharlas.

Vicente Romero. El Mundo, Suplemento Crónica. Domingo 14/08/05, número 513
Ampliando miras: NUTRICIÓN Y CRECIMIENTO

La FAO calcula que aproximadamente 826 millones de personas están malnutridas, de los cuales el 96% se encuentra en los países en desarrollo. Esta incidencia es mayor en las niñas y mujeres jóvenes que entre los niños y hombres de la misma edad.

Las madres jóvenes mal alimentadas no tienen suficiente leche para sus bebés que sufren bajo peso al nacer, no reciben un amamantamiento suficiente y son destetados prematuramente cuando nace el siguiente bebé.

Las familias tienen pocos recursos económicos para comprar comida, y cuando las cosechas del año de mijo o del cereal básico no son productivas o se estropean aparece la hambruna y con ella la muerte de muchos niños y niñas.
Gesto para hoy:
Hoy es Miércoles de Ceniza. Comienza este recorrido de cuaresma suprimiendo una de las comidas de hoy como muestra de solidaridad.

Oración:

Señor Jesús, tú que saciaste el hambre de la multitud,
acuérdate de todas las personas que hoy no podrán comer.

Que sepamos alimentarnos de la Palabra de Dios
y responder a ella con generosidad,
compartiendo nuestros bienes
y trabajando por un mundo más justo y solidario.
Amén.
Fuente: Marianistas

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