Tuesday, October 26, 2010

El ultimátum de De Paolis a la Legión


Reparar a las víctimas, cambiar a los responsables e investigar sus negocios
"Los actuales superiores no podían no conocer las culpas del fundador"
(Sandro Magister).- Ahora que ha sido promovido a cardenal, el arzobispo Velasio De Paolis tendrá aún más autoridad en poner por obra el mandato de Benedicto XVI para salvar a los Legionarios de Cristo, llevados al borde de la ruina por su propio fundador Marcial Maciel y por algunos hombres de su círculo.
Pero las dificultades que el delegado pontificio está encontrando son notables. Los superiores de la congregación, el más fuerte de los cuales es el vicario general Luis Garza Medina, no renuncian para nada a la idea de quedarse en sus puestos de comando, ahora y siempre.
A mediados de setiembre De Paolis pidió a Garza dejar los principales cargos que ostenta, al menos los de director territorial para Italia, responsable de las vírgenes consagradas del movimiento Regnum Christi, prefecto general de los estudios y cabeza del holding financiero Integer. Pero Garza respondió que no. Entre los dos se hizo hielo.
De Paolis está en el cargo desde el 16 de junio, pero sólo desde este octubre puede operar y decidir en plenitud, ya que finalmente se le han dado los cuatro "consejeros" que las autoridades vaticanas le habían prometido hace cuatro meses. Uno de ellos, Brian Farrel, es un legionario con un importante rol en la curia vaticana, partidario de un vuelco decidido en el camino de la congregación. Otros dos, el jesuita Gianfranco Ghirlanda y el josefino Agostino Montan, son canonistas de gran experiencia, que también respaldan una acción decididamente reformadora. El cuarto, Mario Marchese, que en el pasado fue profesor en el ateneo de los legionarios, parece más inclinado a mediar con los jefes de la Legión.
El pasado 19 de octubre, De Paolis dirigió a los legionarios y a los miembros de Regnum Christi una larga y bien construida carta, en la cual se encuentran indicaciones bastante claras sobre el camino de "reconstrucción" y "renovación" que el delegado pontificio pretende recorrer. Y sobre los obstáculos que encuentra.
De Paolis define su proyecto "cambio en continuidad", con el acento sobre la primera palabra. Por cambiar - escribe - hay "no pocas cosas". En relación a la libertad de conciencia, el rol de los confesores y directores espirituales, las formas de control sobre la vida cotidiana, y otras. Pero el punto sobre el cual insiste más es "el problema del ejercicio de la autoridad dentro de la Legión", incluido el modo como los superiores se relacionan entre sí.
A la necesidad de que los superiores cambien su modo de actuar De Paolis dedica numerosos pasajes y un párrafo entero de su carta. Por primera vez en un documento oficial de la Iglesia, él pone en blanco y negro la tesis según la cual "los actuales superiores no podían no conocer las culpas del fundador", por lo que "callándolas ellos habrían mentido". No suscribe esta tesis, pero tampoco la excluye. Al plantear la hipótesis de que el conocimiento de ellos acerca de los horrorosos actos del fundador habría ocurrido "tarde y gradualmente" no dice ni como ni cuando. Y en efecto es ya de dominio común, también entre las autoridades vaticanas, que Garza y los otros fidelísimos de Maciel habrían conocido y encubierto su doble vida ya desde inicios de los años noventa, mucho antes de su condena en el 2006 y de su muerte en el 2008.
Pero no obstante ello, de la carta de De Paolis se saca que ni él ni las autoridades vaticanas pretenden por ahora remover con un acto de imperio a los superiores de la Legión. Lo que buscan lograr es que ellos dejen los cargos por voluntad propia o al menos cambien inmediatamente su actitud, porque - lo menciona la carta - "si nos dejamos llevar por la voluntad de prevalecer y de imponer las propias ideas contra los otros, el naufragio es seguro".
Hasta ahora es un hecho, que no se ve ninguna señal de esta deseada conversión en los jefes. Cerrando filas bloquean la salida a la luz y la toma de iniciativa de la parte sana de la Legión, de aquellas decenas o centenares de sacerdotes y novicios que anhelan una renovación de su vida religiosa, pero que continúan sufriendo lazos y las presiones muy asfixiantes, a nivel individual y colectivo.
En todo caso, si el cálculo de los superiores de la Legión era el de resolver todo en tiempo breve, pocos meses, y con ajustes mínimos, De Paolis con esta carta elimina cualquier ilusión que tenían. El proceso de reconstrucción - escribe - tomará "el tiempo necesario, que se prevé que será de al menos dos o tres años o incluso más". Y cita la exhortación de Dios al profeta Elías. "Ánimo, come porque es demasiado largo el camino para ti".
El delegado pontificio anuncia la conformación de tres comisiones: la primera para revisar a fondo las constituciones; la segunda para las víctimas y los pedidos de reparación; la tercera para los problemas de orden económico, hasta ahora de domino absoluto de Garza.
Para el movimiento laical Regnum Christi - que será pronto investigado por un visitador apostólico, Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid - se prospecta una mayor autonomía respecto a la Legión.
En cuanto el carisma específico de los legionarios, la carga de De Paolis lo distingue en la educación de los sacerdotes y laicos, en las escuelas y en las universidades, para una cultura cristiana capaz de reaccionar a la cultura predominante que "está infestada de inmanentismo y relativismo".
Es difícil, si no imposible, que los superiores de la Legión lleguen a darle la vuelta a estas líneas directrices. Pero sí pueden obstaculizarlas. Y en ausencia de rápidos pasos adelante en el camino de renovación, otros sacerdotes se irán, no "cabezas calientes" como su superiores dicen, sino de los mejores, sumándose a aquellos que ya han dejado la Legión para encardinarse en el clero diocesano. Las nuevas vocaciones desaparecerán, como ya comienzan a declinar un poco por todas partes, por ejemplo en Italia, donde este año ha entrado un solo novicio.
Así las cosas, si se quiere dar confianza y ánimo al cuerpo sano de la Legión de Cristo, la señal de cambio no puede ser sino una y urgente: la remoción de aquellos jefes, al menos los mayores, que deben todo el poder al hombre que fundó la Legión y que a la vez la mandó al abismo. Y que todavía la tienen prisionera.
RD

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