
Resulta exótica esta imagen de santos asomados al balcón. Son de una tienda de Braga (Portugal) donde abundan los comercios que venden santos para todos los gustos y tamaños. Pero lo realmente difícil es ver a santas y santos de carne y hueso asomados a cualquier ventana y dentro de cualquier balcón. Y sin embargo están allí: la viejita que hace croché al sol de la calle; la mujer que orea las sábanas; el que escribe o lee; la familia que merienda en la mesa camilla…
Como en la famosa película “La ventana indiscreta” de Alfred Hitchcock las casas vienen a ser colmenas de vida y sueño. Lo que casi todo el mundo ignora es que el apóstol Pablo, refiriéndose a la gente corriente, los llamaba “santos y santas de Dios”.
Quizás si los miramos con mayor atención seríamos capaces nosotros también de reconocer su lado divino, a imagen y semejanza del creador, reflejo de una luz que aún no percibimos en su totalidad, pero que ya nos quema.
Pedro Miguel Lamet
El alegre cansancio
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