
¿Dónde andan hoy los poetas? ¿Qué escriben? ¿Qué voz tienen en la sociedad contemporánea? Recuerdo años en que en las capitales de provincia siempre había un grupo de poetas, que editaban alguna revista o colección de libros, sus palabras tenían cierta presencia en los periódicos locales y celebraban algún recital que otro si no aquellos ostentosos juegos flores. Es verdad que la poesía ha sido siempre minoritaria. Pero ¿cuántos libros de poemas encontráis en las librerías de las llamadas “grandes superficies”? Y aun en las pocas que quedan “de toda la vida” hay que buscar con lupa la estantería dedicada a este género literario. Si das con ella difícilmente encontrarás alguno más que los grandes de siempre: Lorca, Alberti, Machado, Ángel González.
Se sigue editando, si, poesía, pero sus tiradas su escuálidas y su difusión mínima. Y es que la poesía, “ese no sé que queda balbuciendo” sanjuanista es gratis y lo gratis, el ensueño que no pesa ni se mide, la pura sugerencia no interesa a un mundo construido sobre el mercado que, como decía un amigo, “es de Jerez, que si no toca no ve”, con perdón de mis amigos jerezanos.
¿Conocen de algún programa de televisión donde se lea poesía? ¿De algún poeta que haga declaraciones sobre las situaciones que estamos viviendo? Creo que detrás de este mundo aburrido, aquejado de inmediatez y tristeza, sólo los místicos y los poetas (no hace falta escribir versos o crear obras de arte para ser poeta) siguen mínimamente despiertos del sueño monumental que nos aqueja. Pero no aparecen, se han esfumado.
Sé que alguno sueña escondido en algún banco del parque, sentado en el malecón del puerto o emborronando cuartillas en algún perdido bar. Que siguen siendo pobres como siempre, pero ahora más olvidados que nunca.
Como el pan nuestro, deberíamos pedir la poesia nuestra de cada día. Faltan poetas no sólo en la poesía. Faltan por supuesto en la política (¿Recordáis aquella lúcida frase de José Antonio: “A los pueblos sólo los mueven los poetas”) Ha sido el secreto de Obama. Poeta es Pedro Casaldáliga, y además de los que escriben y muy bien,y poeta con su vida y su profecía fueron Juan XXIII y Pedro Arrupe o Helder Cámara o monseñor Romero y Vicente Ferrer. Faltan quienes espolvoreen de calderilla poética los periódicos e informativos y los productores que cambien los chorros de sangre de las series televisivas por un poco de arte, intimidad y horizonte.
¿Que soy un cursi? Me da igual. Mi amigo el poeta jesuita Juan Bautista Bertrán decía “A veces por las venas de las cosas sube una luz azul, cual de presencia”. Es el secreto de toda poesía: la vibración secreta de Dios que oculta la realidad. Como decía Juan de la Cruz: “Por toda la hermosura / nunca yo me perderé / sino por un no sé qué / que se alcanza por ventura”. El dios deseando y deseante de Juan Ramón, redecubierto cada vez más como creyente.
Os brindo, como colofón de mi desahogo, este soneto, por si ayuda:
EL PAN DEL PROFETA
Si me dieran un tiempo para el verso,
hoy quizás aquel verso escribiría
que es semilla de luz, filosofía
desde el temor azul del tiempo adverso.
Si pusiera mi ser todo al reverso,
por la senda del álamo me iría
mendigando al azul la tierra mía,
bebiéndome en el ser al Dios inmerso.
Mas tacharon la risa y la alegría;
desandaron sin él este universo.
Han dejado que crezca la sequía.
Ya mi ser en la tarde está disperso.
¡Quién me diera aquel pan de cada día
migaja de un amor y luz de un verso!
Pedro Miguel Lamet
El alegre cansancio
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