
Entrevista con el profesor agredido por ayudar a una mujer maltratada
(Miguel Ángel Malavia- Fotos: Luis Medina) A Jesús Neira se le nota que es profesor –imparte clases de Teoría del Estado en la madrileña Universidad Camilo José Cela–. Habla con claridad y parsimonia, midiendo cada palabra. También se evidencia que es un hombre culto y sencillo. Por actuar en defensa de Violeta Santander, a quien veía en peligro real mientras en un hotel discutía violentamente con su novio, acabó recibiendo un ataque brutal de éste. Nueve meses en el hospital (dos de ellos en coma) siguieron a aquel fatídico día. Estuvo muy cerca de la muerte, pero salió adelante. Hoy, sólo quiere recuperar la normalidad.
¿Qué tal se encuentra ahora?
Me voy encontrando mejor, es un proceso de recuperación muy largo. Es como el que lleva un camión de gran tonelaje: es consciente de que la velocidad de la marcha es extraordinariamente lenta y lo acepta con tranquilidad. Te tienes que acostumbrar a ello… aunque lo positivo es que está evolucionando todo bien. Una de las cosas que más me alegran es que durante el día ya no utilizo oxígeno; sólo me lo pongo para dormir. Hace un mes no podríamos estar manteniendo esta conversación sin que tuviera que llevar oxígeno, y ahora sí.
Usted ha sido reconocido públicamente como un ejemplo para la sociedad, destacándose, ante todo, su valentía y compromiso en la defensa de la mujer. ¿Tuvo algo que ver la fe en su comportamiento?
En efecto, todo lo que hago en mi vida es desde la coherencia con mi fe. Uno no puede desdoblarse ni ser esquizofrénico, comportándose unas veces de un modo y otras de forma diferente. Considero que has de comportarte con naturalidad a lo largo de tu vida por aquello que has aprendido, estimas y forma parte de tu educación, de tus principios. Por ellos riges tu comportamiento. Cuando esto forma parte de uno mismo, es algo natural y lógico que, al igual que harían millones de personas en esa misma situación, no se pueda tolerar que delante de ti alguien tenga la tremenda osadía de golpear brutalmente a una mujer. Además, soy católico y, para mí, la estima de la vida humana es fundamental. Es un don precioso que hay que conservar.
No a la eutanasia
Los médicos, al pensar que su estado era irreversible, propusieron desconectarle de la máquina que le mantenía con vida. La respuesta de su mujer fue en todo momento negativa. ¿Considera que la fe influyó de algún modo en esta decisión?
Estoy seguro de que influyó mucho. Y me alegro de que así fuera, por cierto.
Profesor, ¿qué opina de la eutanasia?
No creo que sea un camino lógico ponerle fin a la vida humana. La vida no está diseñada para buscarle un fin, sino para vivir… En cada instante, contra toda adversidad y aún en las peores condiciones, la vida tiene una tensión innata para buscar mantenerse. Si algún día se llegara a aprobar una ley de eutanasia y ésta se aplicara en los hospitales españoles, creo que tendrían que indicar con claridad en cuáles se aplica y en cuáles no. Yo no entraría jamás en uno en el que sí se aplicara.
Más información en el nº 2.674 de Vida Nueva.
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