Sunday, August 01, 2010

Comentario de la 1a y 2a lectura por José Enrique Galarreta sj

LECTURAS

Domingo 18 del Tiempo Ordinario

ECLESIASTÉS 1, 2 y 2, 21-23

Vaciedad sin sentido, dice el predicador,
vaciedad sin sentido, todo es vaciedad.

Hay quien trabaja con destreza,
con habilidad y acierto,
y tiene que legarle su porción
al que no ha trabajado.
También esto es vaciedad y gran desgracia.

¿Qué saca el hombre de todo su trabajo,
y de los afanes con que trabaja bajo el sol?
De día, dolores, penas y fatigas;
de noche no descansa el corazón.
También esto es vaciedad.

Actualmente se prefiere llamar a este libro "Qohelet", que es el nombre hebreo de su autor. Nombre por otra parte genérico, que viene a significar "el hombre de la asamblea" (eclesia en griego y en latín es “la asamblea”, “la iglesia”), el Maestro o el Predicador.

Es un "libro de Sabiduría" de sentido escasamente religioso. Su idea básica es una profunda desilusión sobre la vida. El resumen del libro es, en su traducción clásica: "vanidad de vanidades y todo vanidad".

Hay bastantes textos de Qohelet que abundan en este sentido:

Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad. Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo. QOHELET 3:19‑20

Como el que haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, así el bueno como el pecador, el que jura como el que se recata de jurar. Eso es lo peor de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos! QOHELET 9:1‑3

Y otro “libro de Sabiduría”, en cierto modo semejante a Qohelet, el que antes se llamaba “El Eclesiástico” y ahora “el Sirácida”, mantiene afirmaciones igualmente sorprendentes:

Que también el Altísimo odia a los pecadores, y de los impíos tomará venganza. SIRÁCIDA 12:4‑6
De ningún hombre te quedes mirando la belleza
y entre mujeres no te sientes.
Porque de los vestidos sale la polilla
y de la mujer la malicia femenina.
Vale más maldad de hombre que bondad de mujer.
SIRÁCIDA 42; 12-14

Naturalmente, esto nos plantea la pregunta de en qué sentido y hasta dónde podemos admitir que estas afirmaciones sean “Palabra de Dios”, pero el tema supera las posibilidades de este comentario.


COLOSENSES 3 , 1-5 y 9-11

Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria.

Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros.

Despojaos de la vieja condición humana y revestíos de la nueva condición, que se va renovando, como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.

En este orden nuevo, no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos o incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.


Seguimos leyendo espléndidos textos llenos de contenido; en todos ellos se desarrollan las mismas ideas: incorporados a Cristo, pertenecemos a "lo de arriba".

Se juega con el sentido de la muerte (morir a la vieja condición, crucificarla...), con un profundo sentido de la esperanza: hoy no es visible la gloria, la vida verdadera. Pero aparecerá finalmente la gloria de Cristo y la nuestra con Él.

Hay que tener cuidado con el significado de algunas expresiones, por ejemplo:
Despojaos de la vieja condición humana

Pablo no quiere decir que lo humano sea malo, opuesto a lo divino, sino que llama aquí “humano” a lo que no es de Dios, a lo que deforma lo humano y lo empobrece, como ha desarrollado en las líneas anteriores. Por eso sigue diciendo:
y revestíos de la nueva condición, que se va renovando, como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo.

A nosotros no nos gusta la expresión “revestirse”, porque parece algo así como ponerse un vestido sin cambiar el interior. Igualmente se utiliza la expresión para hablar de Jesús “revestido de humanidad”: nos parece como si se tratara de un disfraz. No es esa la intención de Pablo, aunque sí es verdad que en nuestra manera de entender nos resulta una expresión desafortunada.

José Enrique Galarreta, S.J.

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