Monday, July 27, 2009

«La Iglesia habla un lenguaje que los jóvenes no entienden»


Fray José Rodríguez Carballo, ministro general de la orden franciscana
RD
Lunes, 27 de julio 2009
Fray José Fernández Carballo (Sarreaus, 1953) ejerce desde 2003 como Ministro general de la Orden Franciscana, erigiéndose en el 119º sucesor de San Francisco. El pasado mes de junio fue reelegido para dirigir durante el próximo sexenio a 15.000 religiosos de 113 naciones del mundo. No evita reclamar autocrítica a la Iglesia para recuperar los vínculos con una juventud educada en una sociedad cada vez más laica. Lo entrevista Juán Tallón en La Región.

¿Cuál es la situación hoy en día de la Orden Franciscana?
La Orden en su conjunto goza de buena salud. Aun cuando en Europa occidental las vocaciones están disminuyendo, es verdad que tenemos otras muchas en Europa del este, particularmente en Ucrania, Polonia y Croacia. También contamos con vocaciones en África y Asia, y mantenemos un buen número en América Latina.
¿Qué retos se les plantean en los próximos años?
En estos últimos tiempos, con motivo del octavo centenario de la fundación de la Orden, hemos insistido en una renovación espiritual y en un compromiso mayor con la justicia, la paz y la creación, valores profundamente franciscanos. Y por supuesto, hemos insistido en estar cerca de los pobres, los excluidos, los marginados. El Capítulo General que celebramos durante el mes de junio sirvió para afirmar la cercanía a los pobres y excluidos en las zonas de marginación. También enfatizamos la relevancia de una mayor presencia misionera. Ahora estamos ya en Ghana, en Namibia y en Sudán, así como en Tailandia. En el sexenio que iniciamos pensamos abrir en Laos, Camboya y Camerún. La sociedad cambia cada vez más deprisa, y parece que las órdenes religiosas parecen estar siempre en el mismo punto.
¿Es esto realmente así, o ustedes también cambian?
Esto no es del todo correcto. La vida y las órdenes religiosas cambian con el paso del tiempo. Naturalmente nosotros queremos permanecer fieles a ciertos valores (la fraternidad, la ayuda a la minorías, la formación) que siguen siendo perennes. Pero todo esto se hace a la luz de las llamadas de los siglos y los lugares. Estamos muy atentos a lo que la sociedad nos pide. Queremos dar respuestas a los interrogantes y las cuestiones que se plantean el hombre y la mujer de hoy. Por eso cada seis años, con los capítulos generales, revisamos nuestra vida y misión. La vida religiosa está en profunda sintonía no con la moda, sino con la actualidad. No siempre la moda es actual, y no siempre lo que es actual está de moda. La Iglesia debe ser actual, pero no por ello debje jamás perder su identidad.
¿Detecta en las sociedades occidentales unos valores cada vez más laicos? ¿Si es así a qué lo atribuye?
La sociedad en general, porque hay honrosas excep ciones, vive de espaldas a los valores del Evangelio. Éste ya no es el punto de referencia obligado porque en la sociedad prima el hacer y el aparecer sobre el ser, prima el bienestar, el dinero fácil, tantas cosas que están lejos de los valores evangélicos. Ser sacerdote hoy no es fácil. No es fácil, en una sociedad dominada por el afán de poseer, hacer voto de pobreza; no es fácil, en una sociedad dominada por el erotismo, hacer voto de castidad; no es fácil, donde el yo se pone por encima del nosotros, hacer voto de obediencia. Pero estoy convencido que la sociedad necesita más que nunca de los valores evangélicos. Puede que en el futuro la vida religiosa no sea de masas, pero será necesaria, no sólo en la Iglesia sino en la sociedad, como una alternativa de vida.
¿Le preocupa la distancia abierta entre la Iglesia y la juventud?
Me preocupa. En el último Capítulo General incidí en la necesidad de acercarnos al mundo de la juventud. Y aquí tengo que decir que no siempre la culpa es de los jóvenes. Nosotros tenemos que cambiar actitudes hacia ellos, saber escucharles, hablar un lenguaje que sea comprensible para ellos. Tenemos que asumir una autocrítica fuerte en nuestro acercamiento. Yo, que viajo por el mundo entero, me doy cuenta de que la juventud busca, y tal vez con más afán que en otros tiempos, porque se da cuenta de que lo que está viviendo no es una fuente de felicidad. El problema es que como Iglesia seguimos hablando un lenguaje que no entienden y poniendo el acento en lo negativo. Si pretendemos una nueva evangelización, tiene que serlo también en los lenguajes.
Los lenguajes sí, pero ¿no cree que existe una gran distancia doctrinaria, en relación a la ideas, que a la Iglesia le cuesta mucho reducir?
Hay distancia entre la doctrina de la Iglesia y los valores que vive la juventud, pero yo creo que cuando al joven se le proponen exigencias radicales, como pueden ser las del Evangelio, a las cuales no podemos renunciar porque sería traicionar su mensaje, la juventud responde. El problema es que nosotros a veces tenemos un concepto tan bajo de la juventud que parece que no creemos en ella.
Desde el puesto que usted ocupa en la Orden, ¿cuál es su relación con Benedicto XVI?
Frecuente. En los grandes encuentros suelo estar muy cerca. Recientemente lo he acompañado a Tierra Santa, y antes lo encontré cuando fue a Brasil, y en desplazamientos por Italia. Yo soy miembro, por nombramiento del Papa, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, y esto me facilita tener un contacto directo con su Santidad.
¿Me permite preguntarle cómo es una conversación con el Papa cuando el contacto es habitual y directo?
El Santo Padre es una persona profundamente cercana, es un poco tímido, pero cuando uno se encuentra cara a cara con él, es cercano y sencillísimo. Sé que va contra todas las apariencias, incluso contra tantas afirmaciones gratuitas. La conversación versa sobre los temas cotidianos de la vida de la Orden, de la Iglesia, de la sociedad, y por qué no, también hay momentos para el chiste, y la conversación amena tiene lugar sin mucho protocolo. Lo conozco de cuando antes de ser Papa era Cardenal Ratzinger, y aquellos encuentros eran los instantes más sencillos que yo he tenido con alguien en la Curia Vaticana.
¿Ustedes, los padres franciscanos, son permeables a los efectos de la modernidad? ¿Escuchan música, leen best sellers, emplean Internet?
En mi lista de favoritos, en el navegador de Internet, yo tengo a los medios gallegos, y por supuesto entre ellos a La Región, porque quiero estar al día de lo que sucede en mi lugar de nacimiento. También sigo prensa extranjera, sobre todo de Estados Unidos e Inglaterra. Una de las primeras cosas que hago por las mañanas es repasar los titulares. Lecturas de best sellers no hago muchas porque no tengo demasiado tiempo, pero hay frailes que leen muchísimo. Yo lo que más leo son libros de espiritualidad franciscana, teología, filosofía y cuantas publicaciones relacionadas con las sagradas escrituras se publican. Sí, puedo decir que se lee mucho en nuestras casas, y que hay hermanos, sobre todo los más jóvenes, que están al loro de todo lo que sucede en el mundo de hoy.

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