Thursday, September 10, 2009

Antigua URSS: una fe que renace entre cenizas


Las comunidades católicas en las viejas repúblicas soviéticas
(Javier F. Martín) Cuatro millones de kilómetros cuadrados. Entre dos continentes –el europeo y el asiático– están enclavados cinco países: Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguistán, que comparten una historia reciente vinculada a la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Todos, como factor común, presentan una mayoría musulmana, junto a la presencia minoritaria de otras realidades religiosas. Las comunidades católicas de estos países, a excepción de Kazajstán, presentan las cifras de una pequeña parroquia, de una comunidad de aldea. No llegan a 200.000 personas las que en estos países –cuya extensión supera la de la Unión Europea– han recibido las aguas del Jordán.

En estas cinco antiguas repúblicas soviéticas, aún después de tantos años, se viven las consecuencias del ateísmo de Estado impuesto por el régimen comunista, así como de la persecución sistemática que sufrieron numerosas comunidades religiosas durante ese período de tiempo. Carlos Ávila, misionero del Verbo Encarnado, de nacionalidad argentina y máxima autoridad de la Iglesia católica en Tayikistán, señala que “es muy difícil construir una comunidad con las cenizas que nos han dejado esos años. La pobreza más grande que puede padecer un hombre es la falta de Dios. La pobreza material es muy grave, pero la falta de Dios es la pobreza total, es la peor de las crisis que puede sufrir la humanidad”.

Junto a la historia, hay que añadir el factor socio-religioso, que nos muestra cinco países de mayoría musulmana en los que, legal y sociológicamente, es muy complicada la labor de la Iglesia. La conjunción de estos ingredientes explica el presente y el futuro de los católicos de la zona, condenados a vivir en minoría las próximas décadas.

Tayikistán

Según el último Informe sobre Libertad Religiosa editado por la asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), en Tayikistán el Gobierno tolera todas las religiones. Uno de los tres sacerdotes que trabajan en Tayikistán, Carlos Ávila, indica a Vida Nueva que “somos una minoría en una nación de mayoría musulmana, pero vivimos en un país donde existe libertad religiosa y tolerancia. Además, Tayikistán se ha caracterizado, sobre todo en estos últimos años, por una apertura a nuevos credos y etnias. Uno siempre quiere más libertad, pero en términos generales podemos afirmar que tenemos libertad religiosa y el Gobierno garantiza de manera efectiva este derecho. No existe persecución ni nada por el estilo”.

No es de la misma opinión la misionera argentina María Cor Dulce, quien afirma tajante que “ciertamente no tenemos libertad religiosa. Nuestro trabajo se limita al contacto con la gente que asiste a la parroquia. No podemos invitar a la gente para que venga a la iglesia. No podemos hacer ningún tipo de propaganda; ni siquiera podríamos hacer una procesión por las calles. Nuestra labor debe ser sólo dentro de los muros de la parroquia”.

Turkmenistán

La Comisión para la Libertad Religiosa Internacional de Estados Unidos ha recomendado en los últimos años incluir a esta república en la lista de países motivo de preocupación particular, en la que aparecen países donde las autoridades están implicadas en violaciones sistemáticas de la libertad religiosa.

El número de católicos de Turkmenistán también es minúsculo. Apenas dos sacerdotes, de nacionalidad polaca, atienden a una comunidad que se cuenta por decenas y que carece de templo. La celebración eucarística tiene lugar en casas particulares o en la sede de la nunciatura apostólica, en Asjabad. La Iglesia católica no ha solicitado el registro oficial en Turkmenistán, debido a que no cumple el requisito imprescindible de estar encabezada por un ciudadano turcomano. Esta situación condiciona la actividad de los católicos, ya que tienen vedada cualquier actividad. De forma oficial no pueden reunirse ni para rezar. Además, las minorías religiosas, especialmente las no registradas, son objeto de frecuentes controles y ataques, y sus miembros procesados.

Uzbekistán

La situación en Uzbekistán tampoco es fácil, a pesar de que la Constitución, a través de los artículos 18, 31 y 61, garantiza la libertad religiosa. Sin embargo, la última reforma legislativa, de junio de 2006, ha introducido enmiendas que penalizan “la producción, conservación, importación y distribución ilegal de literatura religiosa no autorizada”. En el Informe sobre Libertad Religiosa de AIN se hace alusión a una encuesta realizada a varios grupos cristianos, publicada en septiembre de 2007, en la que “muchos creyentes confirmaron que los agentes del NSS [policía] mantienen una estrecha vigilancia sobre los lugares de culto, grabando en vídeo a todo el que entra y sale y, ocasionalmente, reclutando a ‘colaboradores’ para que informen sobre sus correligionarios y sus actividades”.

Kirguistán y Kazajstán

La situación de Kirguistán y Kazajstán difiere de la de sus vecinos euroasiáticos. En la primera de estas dos repúblicas, erigida en Administración Apostólica en 2007, la minoría de católicos vive sin problemas y mantiene buenas relaciones con musulmanes y ortodoxos; el gran reto es el agnosticismo, que aglutina a uno de cada tres ciudadanos del país. En los últimos años, sin embargo, las autoridades han incrementado su control sobre los grupos religiosos con el objetivo de prevenir un incremento del extremismo islámico y para frenar los actos de violencia que han sufrido comunidades protestantes por parte de grupos musulmanes aislados. Un decreto de 2006 reconoce al Islam y a la ortodoxia rusa como ‘religiones tradicionales’.

En Kazajstán, las autoridades garantizan la libertad religiosa pero también, en ocasiones, vulneran ese derecho. La Ley de Libertad de Conciencia de 1992 fue modificada en 2005, estableciéndose diversas enmiendas que ilegalizan las actividades de grupos religiosos no registrados y que limitan las actividades misioneras.

Más información en el nº 2.673 de Vida Nueva.

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