Monday, July 22, 2013

La llegada (un poco caótica) de Francisco a Brasil. Rodeado por la multitud, pero más feliz que en el Vaticano


Cuatro vehículos diferentes para un sencillo traslado en Río de Janeiro

REDACCIÓNCIUDAD DEL VATICANO

Después de alrededor de 12 horas de vuelo, el Papa Francisco aterrizó en Río de Janeiro para presidir la XXVIIIa Jornada mundial de la Juventud. Llegó completamente lleno de energía, así como los miles de peregrinos que lo esperaban para recibirlo. Después del saludo en el aeropuerto con la presidente del país, Dilma Rousseff, el Papa comenzó un largo trayecto cambiando en diferentes ocasiones de medio de transporte. Parece ser que uno de los choferes se equivocó de camino durante el recorrido.


Primero una Idea gris de la Fiat que atravesaba las calles llenas de gente en la metrópolis del gigante sudamericano. Hubo, sin embargo, momentos de tensión debido a un atasco en el que se vio involucrado el “convoy” papal. Sin embargo, el Papa parecía entusiasmado y no dejaba de saludar a la gente y besar niños por la ventanilla del vehículo.

Después, el Papa llegó a la catedral metropolitana y subió a la jeep blanca para seguir su recorrido entre la gente. Pocos minutos después, las autoridades decidieron que era mejor que el Papa se trasladara nuevamente en la Idea Fiat para llegar a un helipuerto y trasladarse en helicóptero al palacio de Guanatraba, en donde será la ceremonia oficial de bienvenida.

Vatican Insider

Rodeado por la multitud, pero más feliz que en el Vaticano


La Fiat Idea del Papa se equivocó en el recorrido y casi fue arrollada por la gente

ANDREA TORNIELLIRÍO DE JANEIRO

En la primera hora que pasó Francisco en Río de Janeiro, la ciudad de la JMJ, hubo algunos momentos de tensión. El Papa, desde el aeropuerto hasta la ciudad viajó en una Fiat Idea gris, antes de subirse al jeep blanco. Pero el convoy papal se equivocó de recorrido y se encontró en medio de una multitud y bloqueado por una fila de autobuses. La gente rodeó completamente el vehículo del Pontífice. Habría podido suceder cualquier cosa, pero Francisco nunca perdió la sonrisa, como se vio cuando subió al jeep blanco descubierto, el mismo que usa para las audiencias de los miércoles en la Plaza San Pedro. Atravesó la ciudad entre dos hileras de multitud en fiesta. (Ver nota de más arriba).



El accidente no es novedad en la historia de los viajes papales. El helicóptero de Juan Pablo II no podía aterrizar en Manila en 1995, después de que cuatro millones de personas, el encuentro más grande de la historia, hubiera invadido incluso el perímetro reservado a la seguridad. Pero el caso más clamoroso sigue siendo el que sucedió en Jerusalén en 1964, durante el histórico viaje de Pablo VI. Al llegar a la Puerta de Damasco la multitud separó al Papa de su séquito y Montini, que quería recorrer a pie la Vía Dolorosa por la que caminó Jesús para llegar al Calvario, quedó completamente rodeado de una marea humana.


Las imágenes muestran al Pontífice de Brescia rodeado por soldados jordanos, mientras pasa por los pequeños callejones de la Ciduad Santa. Pálido, pero sonriente, Pablo VI logró llegar sano y salvo a la meta, el Santo Sepulcro, en donde celebró la Misa. Esa tarde, el padre Bevilacqua, amigo del Papa, reveló a un grupo de periodistas que se habían reunido fuera de la Delegación apostólica de Jerusalén que muchos años antes Montini le había dicho: «Sueño un Papa que viva libre de la pompa y de la corte, de las prisiones protocolarias. Finalmente solo, en medio de sus diáconos». Es por este motivo que, indicaba Bevilacqua, «estoy convencido de que hoy, aunque haya sido “arrollado” por la multitud, él está mucho más contento de cuando baja en San Pedro sobre la silla gestatoria entre alabardas de guardias y púrpuras de cardenales». Lo mismo que sucedió hoy con Francisco.

Vatican Insider

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