Sunday, February 24, 2008

DESEO ENCONTARME CON JESÚS

Por Ángel Gómez Escorial


Señor:

Me vas a permitir que al hilo del relato de San Juan en torno al encuentro con la Samaritana, te quiera yo hablar de mis deseos de encontrarme contigo.

Claro que no hago muchos méritos. No voy corriendo entre la multitud, como Zaqueo, no me subo a una higuera para verte. Tampoco, Señor, tolero las apreturas, como la hemorroisa, que se mezcló con la muchedumbre que te apretujaba, para obtener, a través de la orla de tu manto, la ansiada curación.

No grito, tampoco, Señor, desde la vera del camino, como el ciego que buscaba curación. Ni rodeo el Lago, todo su perímetro, para ver si te encuentro al otro lado…


¿Y qué hago entonces? Pues me han dicho que tu rostro está en muchos de los hermanos necesitados. Y, en ese sentido, creo que te vi una vez, hace años. Era en la calle Serrano, de Madrid. Y un mendigo, con barba muy negra y ojos muy vivos, me miró desde lejos. Pedía limosna en la pequeña escalinata de un banco. Me azoré. No soporté la mirada. Tal vez, me quería ahorrar la limosna, no lo sé…

Al poco tiempo me di cuenta que podrías ser tú. Pues hasta la cara del mendigo se parecía a la idea que yo tengo de tu rostro. Volví sobre mis pasos enseguida, en unos minutos. Ya no estaba el mendigo. ¿O eras tú? ¿Echaron al mendigo los de seguridad del banco? ¿O fuiste tú que te marchaste? ¿Había perdido yo mi oportunidad? ¿Nunca he sabido –ni siquiera lo he supuesto—lo que habría pasado si yo aquel día le hubiera dado unos monedas al mendigo? ¿O eras tú?


Pero no te busco. No trabajo el cuerpo a cuerpo con los hermanos más necesitados. Me impongo una cierta distancia. No estoy, constantemente, buscando tu rostro en la calle. No. A veces me arrodillo frente al Sagrario. No mucho tampoco. Sé que estás ahí. Y no lo dudo. Pero, pienso a veces, que antes de acudir al Sagrario hay que, antes, haberte buscado en la calle, en el trabajo, en cualquier lugar que haya hermanos que necesiten algo.

Esta idea de ir antes a buscar a los hermanos necesitados que acudir al Sagrario, me recuerda esa frase tuya sobre que antes hay que ir a pedir perdón al hermano agraviado que colocar mi ofrenda en el altar.


Tengo, Señor, las manos vacías, casi vacías. Pero espero encontrarte. Tal vez, como la Samaritana. Ella no te buscaba. Fuiste tu quien apareció por el pozo. Tuvo suerte, desde luego. Espero, Señor Jesús, que un día te pares junto a mí y me hables. ¿O lo has hecho ya y yo no he sido capaz de descubrirte? ¿O te has ido como el mendigo de la calle Serrano?

Señor, aunque no lo merezco, te espero. Iré al pozo de Siquem a ver si te veo. Si iré ahora mismo. De verdad.


De Betania, España

No comments: