Sunday, February 24, 2008

Y YO QUIERO SER CÁNTARO

Por José María Maruri, SJ


1.- Y el Señor se sentó cansado en el brocal del pozo, como se hubiera sentado cansado en el bordillo de la fuente de la Puerta del Sol, junto a un barbudo vagabundo, a un hombre de tez morena y, tal vez, una obre mujer de las que se pasean por la calle Montera o Carretas, aunque todo ello podría ser completamente imposible si no terminan las sempiternas obras de la Puerta del Sol. Pero la imagen nos vale. (**)


--Jesús cansado, abrumado por toda esa multitud que pasa deprisa, o vende chucherías, o compra lotería

--Jesús abrumado porque esa multitud anónima para nosotros tiene cara, tiene rasgos muy conocidos, tiene su propia historia para Él, abrumado por el cariño hacia cada uno.

--Jesús cansado porque quisiera tener una conversación individual con cada uno y cada una, como con la samaritana, samaritanas muchas de esas que se sientan junto a Él en la fuente de la Puerta del Sol.

---Jesús cansado porque no llega a todos, porque es demasiado trabajo para Él solo. ¿No? Cansado porque la mayoría de ellos y ellas llevan tapados los oídos, por la necesidad de ganarse el pan de cada día, por no tener más expansión que tomar el sol sentados en la fuente, destrozados por la droga, viviendo sin rumbo en la vida.

Y sin embargo, el Señor sabe que mientras queda un poco de lucidez en esas cabezas que se agitan hay esperanza de que se den cuenta de su presencia allí, sentado en la fuente.

**Él sabe que esos ellos y ellas que alardean, tal vez, de no creer, en sus soledades acuden a un Dios… por si acaso.

**Él sabe que en esa multitud anónima para nosotros, que para Él si tienen cara, hay rincones de cariño y bondad hacia los demás, que son otras tantas lucecitas de esperanza, son muestras de la presencia del Dios del amor.


2.- Con cuántas samaritanas y samaritanos de nuestros días quisiera el Señor tener una larga conversación. Ellos y ellas que han visto roto su primer matrimonio más o menos culpablemente por su parte. Hombres y mujeres a los que Él tendría que decir: “Bien dices que no tienes marido o mujer porque con quien ahora vives no lo es”

--Samaritanos y samaritanos aprehendidos en la redes de la vida a los que Jesús no les negaría el agua que salta hasta la vida eterna, como no se la negó a la del evangelio

--Samaritanos y samaritanas que no han podido continuar un camino imposible de espinas y han rehecho sus vidas, doliéndoles el alma porque les dicen que su cantarillo ya no recoge agua viva.

Y Jesús les diría, les pediría por favor, que sea como sea, no rompan el cántaro contra el suelo, sino que sigan viniendo al pozo cada día, que allí siempre estará Él, abrumado y esperando.

Todos somos samaritanos o samaritanas ante el Señor. Pase lo que pase, que vengamos al pozo con el cántaro entero por si algún día el Señor nos lo llena.


3.- En esta escena hay cuatro personajes: Jesús, la samaritana, los apóstoles y el cántaro. Y yo quiero ser cántaro. Señor un cántaro de arcilla humana con corazón, de arcilla enrojecida por la vergüenza de lo que de mi se podría decir y no se dice. Cántaro que traen a Ti vacío de de buenas obras, traído y llevado cada día por la inseguridad de mis propósitos, pero sobre todo quiero que mi dueña se olvide de mi, dejándome a tus pies, junto al brocal del pozo.


(**) La Puerta del Sol, el centro más característico de Madrid que, en estos días, soporta unas obras interminables para la construcción de una estación subterránea del ferrocarril de Alta Velocidad

De Betania, España

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