Para muchos en nuestra juventud, y para la mayoría en nuestra vejez, la experiencia de la debilidad nos golpea con dureza. Pero ella nos une con Jesús, como describe la Carta a los Hebreos (2:18; 4:15; 5:2): "Porque Él mismo había sido probado por medio del sufrimiento; por eso es capaz de ayudar a aquellos que son puestos a prueba... nuestro sumo sacerdote no se queda indiferente ante nuestras debilidades, pues ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado. Es capaz de comprender a los ignorantes y los extraviados, pues también lleva el peso de su propia debilidad".
¿Que significa la debilidad aquí?
No la experiencia del pecado, pues es casi su opuesto. La debilidad es una experiencia con un peculiar impedimento a sufrir, un profundo sentido de incapacidad tanto para hacer como para proteger: una incapacidad, incluso luego de un gran esfuerzo, para actuar como quisiéramos, o para alcanzar lo que habíamos decidido, o tener el éxito completo que esperábamos. Significa la apertura al dolor. Significa que no podemos asegurar nuestro futuro, ni protegernos contra cualquier adversidad, ni vivir con claridad y seguridad, ni protegernos de la vergüenza, del dolor, incluso de una profunda angustia interior.
Espacio Sagrado
-->
No comments:
Post a Comment