
Por José Manuel Vidal (Enviado especial a Amman)
RD
Sábado, 9 de mayo 2009
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Sábado, 9 de mayo 2009
" Entonces, partiendo de las estepas de Moab, Moisés subió al Monte Nebo, a la cima de Pisga, en frente de Jericó y Yahvé le hizo ver todo el país". A ese mismo lugar, cargado con el peso de la Historia, subió esta manana Benedicto XVI. El Papa se asomó al mirador, se apoyó en la barandilla de hierro y miró a lo lejos. A su lado, el superior de los franciscanos, el orensano padre Carballo, senala con el dedo la amada Jerusalén.
El Papa asiente. Pedro y Francisco contemplando Jerusalén a lo lejos. Intercambian algunos comentarios, el franciscano se retira y Su Santidad se queda solo, mirando al horizonte y rezando. Será, sin duda, una de las fotos que inmortalice su visita a Tierra Santa. Una visita en la que él, a diferencia de Moisés, sí pisará la tierra prometida.
"Es justo que comience aquí, en esta montaña, mi peregrinación a los Santos Lugares, ya que el magnífico escenario que se ve desde este sitio nos refleja el gran plan de salvación que Dios había preparado para su pueblo", dijo el Papa. Un sol radiante, un dia espléndido y un Papa que parece menos cansado que ayer.
El Papa Ratzinger divisa un panorama único de Tierra Santa. Y es que a 806 metros sobre el nivel del mar, desde el Monte Nebo se ve, especialmente los días claros como hoy, Belén y las cúpulas de Jerusalén, y el valle del río Jordán, el mar Muerto, el oasis de Jericó, el desierto de Judea y de Samaria, entre otros lugares históricos.
Siempre sonriente, El Papa obedece a todas las indicaciones que le hacen sus maestros de ceremonias. Y cuando termina de rezar, siempre atento, saluda a los fotógrafos que, alli al lado, tratan de inmortalizar el momento. Una nube de fotógrafos. Hay más de 1.200 periodistas acreditados.
Llegó puntual al monte. Eran las 9 y cuarto hora local. En un Merceces negro ID 1880, acompanado de su secretario personal. Le reciben los franciscanos, con un saludo especial del custodio de Tierra Santa. Varios obispos que lo acompanan sacan sus cámaras fotográficas para inmortalizar el momento. El Papa, entre aplausos, sube a la colina y entra en los restos de la la basílica del siglo VI visitada por Egeria.
En el monte, escucha con atención el discurso del Custodio de Tierra Santa: "Aquí, Santidad, las promesas de Dios se convirtieron en realidad para Moisés...Queremos acompañarlo y seguirlo a la tierra que mana leche y miel".
El custodio recuerda con emoción al franciscano que descubrió estos parajes. "Aquí, en esta montaña, nuestro Hermano, hermano Michele Piccirillo, quien recientemente, el Señor ha llamado a sí mismo, ha dedicado toda la vida para que podamos disfrutar de la belleza de estos lugares y las obras maestras de retorno perdido y enterrado por siglos. Su obra, además del inmenso valor científico, nos dice que está en la naturaleza del hombre ir en busca de la verdadera belleza".
Y concluye: "Santidad, le pedimos, una vez más la Palabra, que es el único capaz de dar la salvación. Nos ayudan a redescubrir la belleza de nuestra vocación, la belleza de ser discípulos del Resucitado. Entonces, como los discípulos, tenemos la valentía de dejar de lado nuestro superior habitación cómoda y segura de volver a las calles del mundo, testimonio de la alegría de la Pascua. En su discurso, el Papa gloso el momento: "Aquí, en las alturas del monte Nebo, la memoria de Moisés nos está invitando a "elevar los ojos" para abarcar no sólo con gratitud la maravillosa obras de Dios en el pasado, sino también a mirar con fe y esperanza en el futuro que tiene para nosotros y el mundo. Como Moisés, nosotros también son llamados por su nombre, invita a tomar a diario éxodo del pecado y de la esclavitud a la vida y la libertad, y estamos en un'incrollabile prometido para orientar nuestro camino. En las aguas del bautismo hemos pasado de la esclavitud del pecado a una vida nueva y una nueva esperanza. En la comunión de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, la visión que de anticipo de la ciudad celestial, la nueva Jerusalén, donde Dios será todo para todos. De este santo monte Moisés dirige nuestra mirada hacia arriba, hacia el cumplimiento de todas las promesas de Dios en Cristo".
"Queridos amigos, reunidos en este lugar santo, levante los ojos y el corazón al Padre. Al prepararnos para recitar la oración enseñada por Jesús, porque invoamos acelerar la venida de su reino, para que podamos ver el cumplimiento de su plan de salvación y de la experiencia, junto con San Francisco y todos los peregrinos que nos han precedido marcadas con el signo de la fe, el don indecible de la paz - bonum et pax - que nos espera en la Jerusalén celeste".
Varios centenares de niños cristianos aclamaron al Papa durante su visita, a la vez que cantaban y tocaban instrumentos típicos jordanos. Desde el Monte Nebo, el Papa se trasladó a Madaba, a 19 kilómetros, para bendecir la primera piedra de la Universidad del Patriarcado Latino y después regresará a Ammán, donde visitará la mezquita Al Hussein Bin Talal, la segunda vez que pisa un templo musulmán tras la "Azul" de Estambul, y se reunirá con los jefes religiosos musulmanes.
"Tdos está saliendo como estaba previsto", dice el Padre Carlos, párroco católico de Nuestra Señora de Nazaret de Amman. Y añade: "Aquí es imposible que le salga mal el viaje. Nuestra hospitalidad está por encima de cualquier cosa. Otro cantar puede ser en Israel".
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