
Desde enero de 2006, monseñor Antonio Franco representa al Vaticano en Israel, una tarea delicada que en los últimos tiempos se ha visto complicada por una serie de crisis diplomáticas. Originadas, sobre todo, por las críticas a Pío XII y a su presunta pasividad ante el Holocausto. Lo entrevista Laura L. Caro en ABC. Largamente respetado por las autoridades judías, el Nuncio no dudó en protestar públicamente por lo que tachó de «ofensa a toda la Iglesia Católica». Aunque, cuando el Papa llega a Tierra Santa, es el primero que reclama poner el foco en la dimensión pastoral de esta visita, en que Su Santidad llega «en un peregrinaje de oración, a rezar por la paz y la unidad».
Este viaje, no es de ningún modo un asunto político, sino religioso», subraya Franco, que se declara en «un momento de especial intensidad de fe y de amor», cuando está a punto de recibir en su residencia de Jerusalén Este a Benedicto XVI, que pernoctará en la Nunciatura.
-El Papa se verá por separado con dos partes enfrentadas, ¿Temen que una mala interpretación, cualquier desliz, pueda empeorar las relaciones del Vaticano, especialmente con el Estado judío?
-Empeorar las relaciones, pienso que no, de ninguna manera. Ayudará en todos los órdenes, porque esta ocasión se quiere aprovechar para profundizar y hacer avanzar esas relaciones. Todos van a considerar cada palabra que el Papa diga, pero sé que el Santo Padre va a poner toda su prudencia, todo su amor, todo su corazón en hablar de forma que no choque con nadie. Es muy difícil... todos lo sabemos, por eso toda la Iglesia sigue rezando para que el Señor, a través de esta presencia de Su Santidad, haga sentir su mensaje y su palabra de aliento para buscar la paz.
-Desde Israel, el ministro de Asuntos Religiosos escribió anteayer a Su Santidad urgiéndole a condenar a los que niegan el Holocausto en una dura carta, en la que habla de antisemitismo dentro de la Iglesia...
-Sobre el Holocausto, el Papa ha repetido en numerosas ocasiones su posición, como también en relación al levantamiento de la excomunión de sus cuatro obispos (entre ellos Richard Williamson, que negó la existencia de las cámaras de gas). La Iglesia católica, el Papa y todos nosotros tenemos respeto por las víctimas de los nazis, condenamos la violencia que supuso esa barbaridad, y decimos que no tiene nada que ver con lo que se dice en la foto de Pío XII que cuelga en el Museo del Holocausto de Jerusalén.
-¿Era éste el momento más adecuado, cuando se han cumplido apenas tres meses del fin de la peor ofensiva en Gaza en años?
-Hemos reflexionado mucho, hemos considerado los pros y los contra, y concluimos que, precisamente porque hay dificultades, mayor desconfianza por el proceso de paz, el viaje tenía que producirse y convertirse en una ocasión para empujar en busca de soluciones en la paz.
-¿Ayudará esta visita a los cristianos, una minoría dentro de la comunidad palestina, que, en el caso de Gaza, ni siquiera tienen permiso de Israel para ir a misa?
-No sé si han recibido esas autorizaciones, pero tenemos ciertas garantías de que podrá salir de la franja, al menos, una delegación de 200 personas. Esperemos que la visita les ayude, el Papa lo ha dicho la semana pasada, que Él viene primero para manifestar a los cristianos su amor, su participación en las dificultades que padecen, y a darles aliento en esta Tierra Santa. Eso es lo que Él mismo ha puesto como primer objetivo.
-¿Qué mejora en sus condiciones de vida es la más perentoria?
-Hacer posible su movilidad, que los cristianos puedan ir a rezar a Jerusalén o a Belén, y también la cuestión de las visas para el clero. Los fieles aquí son de habla árabe, y tienen que ser asistidos por sacerdotes y religiosas de habla árabe, y es lo más difícil de lograr...
RD
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