Thursday, December 05, 2013

Adviento


Un año más entramos en este tiempo litúrgico. Vuelve a empezar, para nosotros, el ciclo en el que haremos memoria de la vida de Dios en Jesús. Ahora lo comenzamos desde los preparativos, la esperanza, la consciencia de que a un Dios que viene hay que esperarlo y buscarlo. Ese es el sentido de estas semanas. Un tiempo de búsqueda, de deseo, de preguntas. Un plato con dos ingredientes principales: el deseo y la actitud de búsqueda. De esto se trata, en estos días, de desenterrar el anhelo de Dios, que a veces queda sepultado por otras urgencias y prisas. Y de hacerlo de manera activa, dinámica, cada día.


Adviento - El deseo de Dios


«¡Atención, sedientos!, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar, vino y leche de balde» (Is 55, 1)

Siempre ha estado ahí ese anhelo, esa mirada, esa pregunta. No siempre le sé poner nombre, pero, Señor, tengo sed de ti, de justicia, de respuestas, sobre todo, de amor. De un amor radical, profundo, incondicional y eterno. Y todo eso eres tú.

En este tiempo de Adviento me recuerdas que estás viniendo, una y otra vez, a mi mundo, a mi historia, a mi vida. Y me das un toque de atención para que no me distraiga con otros anhelos que se agotan pronto, con otras hambres que nunca me satisfacen, con otros motivos que entretienen, pero no dan sentido. Porque lo que deseo, eso es lo que voy a perseguir con todas mis fuerzas. Pues, Señor, te necesito a ti. Ven, Señor Jesús.

¿En qué se nota tu anhelo, tu sed, tu necesidad de Dios?



Necesito

Necesito
tu presencia, un tú inagotable y encarnado
que llena toda mi existencia,
y tu ausencia, que purifica mis encuentros
de toda fibra posesiva.
Necesito
el saber de ti que da consistencia
a mi persona y mis proyectos,
y el no saber que abre mi vida
a tu novedad y a toda diferencia.
Necesito
el día claro en el que brillan los colores
y se definen los linderos del camino,
y la noche oscura en la que se afinan
mis sentimientos y mis sentidos.
Necesito
la palabra en la que te dices y me digo
sin acabar nunca de decirnos,
y el silencio en el que descansa
mi misterio en tu misterio.
Necesito
el gozo que participa de tu alegría,
última verdad tuya y del mundo,
y el dolor, comunión con tu dolor universal,
origen de la compasión y la ternura.

Benjamín G. Buelta, sj


Adviento - La búsqueda


«Me invocaréis. Vendréis a rezarme, y yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón» (Jer 29, 12-13)


Supongo que decir que uno espera o desea no es suficiente. Hay que buscar. Buscarte. En puentes, calles, casas, palabras, versos, silencio, personas, gestos, besos, abrazos, heridas, conversaciones, miedos; en tormentas y calmas, sueño y vigilia, de día o de noche.

Buscarte en los momentos de júbilo y en alguna que otra decepción. Solo o con otros. Voy a buscarte, Señor. Voy a preguntarle al mundo por ti. Toda la vida, si hace falta. Pero si paso cerca y me ves despistado, dame un grito.
¿Dónde buscas hoy a Dios?

Busco tu novedad

Busco tu novedad
entre las presiones
de mis enemigos
que sofocan el corazón
y depositan parálisis
en el giro de mis decisiones.
Busco tu novedad
entre las expectativas
de mis amigos
que sin haberte escuchado
han trazado mis rutas
y me atan a ellas con cariño.
Busco tu novedad
entre mi hondura ambigua
que me ofusca el corazón
y se reviste de luces
para adueñarse con astucia
de mis sueños y tareas.
Busco tu novedad
entre la inercia terca
de las instituciones
programadas y sensatas
que recogen a plazo fijo
su cosecha esperada.
Busco tu novedad
entre ofertas de estrellas
con brillo de paraíso
al alcance de la mano
mientras madura tu don
en la sombra lenta.
¡Busco tu novedad!
Mis viejos odres
no resisten tu nuevo vino.
No remiendes con tela nueva
mi libertad gastada.
Haz nuevo mi ser entero
para que pueda acogerla.

Benjamín G. Buelta, sj

pastoralsj

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