Wednesday, March 02, 2011

Rezando con los refugiados en el mar


(1 de marzo de 2011) Cada año, miles de personas de África tratan de llegar a Europa, arriesgándolo todo poniendo en peligro su seguridad, en busca de una vida mejor que la del conflicto, la pobreza y la represión en la que vivían, exponiéndose a la detención y a la muerte.
Asad, un solicitante de asilo de Somalia recuerda:
Abandoné Somalia en julio de 2003, tras perder a mi familia durante la guerra. Fui a Etiopía, de allí a Sudán y finalmente, cruzando el desierto del Sáhara, a Libia. En el Sáhara, fui una de las 30 personas que se subieron en un solo cuatro por cuatro. Algunos cayeron y murieron arrollados bajo sus ruedas.
El 24 de septiembre, empecé a cruzar el Mediterráneo en una pequeña embarcación junto a otras 24 personas. Después de tres días en el mar, divisamos tierra, pero se nos acabó el combustible y las olas empezaron a alejarnos. Navegamos a la deriva hasta que fuimos rescatados…"
Tu reflexión
El mar Mediterráneo es la frontera que muchos solicitantes de asilo tratan de cruzar. Se encuentra en el corazón de una tragedia política en la que Italia, Malta, y la Unión Europea o no tienen la voluntad o son incapaces de permitir a estos inmigrantes desembarcar en territorio europeo. Su situación es tan lamentable que trastorna a aquellos con la fe más fuerte. Sin embargo, es la fe la que anima y lleva a estos inmigrantes a realizar este viaje.
La policía libia nos cogió a mi esposo y a mi y nos llevó a la cárcel, primero a Zleitan y después a Misratah. Los guardias cogieron mi Biblia y la tiraron al suelo. ¿Es cristiana o musulmana? Señalé mi crucifijo.
Rozemarijn Vanwijnsberghe, ex miembro del Jesuit Refugee Service Europa, habla sobre la fortaleza de la fe de los inmigrantes:
Ellos hablan mucho de su fe. Dios lo es todo. Suelen decir que Dios les dio la fuerza para llegar a Europa y su fe es la razón de su determinación.
Quienes buscan asilo en Europa no saben lo que les depara el viaje. La mayoría se lanzan a lo desconocido por tierra y por mar. Los voluntarios y el personal del JRS conocen a muchos refugiados que viajan desde sus hogares sin saber nada más que lo que su fe les dice. Van con su fe y su confianza.
Únete a la reflexión:



Praying with Refugees at Sea from Jesuit Refugee Service | USA on Vimeo.




Suggested Reading for Prayer
Juan 20:19—29 http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PWQ.HTM

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes»

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo.

Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.

Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».

Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».

Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!.

Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».


Jesuit Refugee service

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