Thursday, May 02, 2013

Francisco y el extraño caso del padre Grassi


El viernes 5 de abril el Papa recibió al arzobispo Gerhard Ludwig Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Entre los varios asuntos tocados en esa reunión destacó uno particularmente espinoso: el caso del padre Julio Grassi, compatriota de Jorge Mario Bergoglio, condenado por supuestos abusos sexuales contra menores, en un juicio extraño y con muchos puntos oscuros.


Ese día El Vaticano emitió una nota para dejar constancia que Francisco mantendrá la línea de transparencia en los casos de ataques a menores cometidos por clérigos católicos, establecida por su antecesor. Una política que se aplicará a todo el mundo, incluida Argentina, donde el proceso Grassi captó la atención de la prensa en los últimos años por la fama de su protagonista, conocido como el “cura mediático”.
Todo comenzó en el año 2002 tras un informe periodístico del programa “Telenoche Investiga”, emitido por el Canal 13, en el cual se ventilaron algunas denuncias por supuestos abusos contra el iniciador de la Fundación “Felices los Niños”, dedicada a la rehabilitación de menores en situación de dificultad.
Actualmente, 11 años después, la batalla legal aún no termina. En todo momento el sacerdote se declaró inocente y sus defensores aseguran que la causa en su contra fue montada producto de una disputa de poder en torno a la fundación. Y resulta difícil no dar crédito a sus explicaciones.
Originalmente eran siete los acusadores. Al menos esa fue la cifra de personas que aparecieron, con los rostros tapados, ante las cámaras en un reportaje que anticipaba un aluvión de denuncias (debían ser más de 20). Aluvión que nunca llegó y, más bien, ocurrió todo lo contrario. Cuatro de ellos nunca ratificaron sus denuncias. El resto sí lo hizo y entre todos sumaron 17 cargos de agresión contra el presbítero.
Pero los cargos fueron cayendo uno a uno. El denunciante que alegaba once ataques terminó siendo acusado por falso testimonio. De los dos restantes, uno fue declarado como no creíble y la otra víctima refirió haber sido atacada la tarde del 6 de diciembre de 1996. Luego cambió la fecha del episodio, pasándola al día siete y después a la madrugada del domingo 8.
Finalmente y pese a las contradicciones jurídicas, Grassi fue condenado en 2009 a 15 años de prisión. Todavía la sentencia no está firme y él se encuentra en libertad condicional. Mientras tanto en 2011 el mismo sacerdote fue sobreseído de otra denuncia radicada en su contra en El Calafate, al sur de Argentina. La causa había sido presentada también en 2002, pero durante años nadie presentó pruebas y decayó por sí misma.
Culpable o no, lo cierto es que su caso fue utilizado en su momento para enfangar al actual Papa cuando era arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Luego, pocos días después de la elección de Francisco como obispo de Roma, el diario estadounidense Washington Post revivió la historia asegurando que Bergoglio rechazó encontrar a la víctima del sacerdote, así como a cualquier otra persona que haya sufrido abusos de parte de un miembro del clero argentino.
La publicación insistió además en que el cardenal tampoco habría ofrecido sus disculpas o un resarcimiento económico, ni siquiera en los casos en los cuales los sacerdotes terminaron en la cárcel.
Pero ninguno de los sacerdotes involucrados en abusos en los últimos años en Argentina dependían jerárquicamente del cardenal. El fundador de “Felices los niños” nunca perteneció al clero de Buenos Aires y sí a la diócesis de Morón, ubicada a las afueras de la capital argentina. Por lo pronto la Santa Sede no se pronunciará sobre el caso Grassi, aunque ya tiene un completo expediente sobre el mismo. Esperará a que finalice de todo el proceso judicial. Así lo propuso Müller, así lo autorizó el Papa. Como un gesto de prudencia debida.
Andrés Beltramo Álvarez
Sacro&Profano
RD

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