
Estaba sentada con su plato de sopa en la mesa. Vestía una bata azul y unas zapatillas.
No quería cenar. Se dedicaba a pronunciar palabras y frases inconexas. ¿Dónde perdió su cordura? ¿dónde se rompió su historia? Reía, protestaba, hablaba de su marido, de sus hijos, lloraba, todo al tiempo. Y uno se sienta en frente, y escucha, y observa, y al llegar a casa, trata de comprender qué vigilia pascual traerá ese viernes santo, qué fruto nuevo traerá esa vida rota, en qué resurrección se traducirá esa muerte en vida.
Miguel
pastoralsj
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