Monday, February 20, 2012

Necesidad de cambios

Un amigo tiene un primo sacerdote al que han nombrado asistente de un nuevo cargo vaticano. El chico, que tiene verdadera vocación, se ha quedado asombrado de las instrucciones que han recibido sobre la indumentaria necesaria pues era muy detallada y podía ser costosa. Uno de los epígrafes que más le asombraron, era el consejo de que las camisas llevaran gemelos, a lo que su jefe se negaba, con el escándalo de todo el departamento que iba a presidir, pues no querían ser la excepción.

El tema me ha llevado a investigar sobre la indumentaria vaticana y he encontrado una dirección que es la equivalente a la alta costura de Roma. La sastrería se llama Gamarelli y se fundó en 1793 aunque lleva en su actual domicilio sólo 160 años. Esta familia es la encargada de preparar antes de los cónclaves, 3 sotanas blancas para un futuro papa en talla grande, mediana y pequeña pero el tema no es fácil porque el elegido puede no encajar en ningún modelo. Esto es lo que le pasó a Juan XXIII, que como era más gordo de lo calculado, tuvieron que abrirle las costuras traseras para que se pudiera enfundar la sotana. A Benedicto XVI le estaba corta y durante unos días, hasta que pudieron hacerle una nueva, se le veían los calcetines.

El calzado rojo que utilizan los papas siempre sorprende. Parece que tiene que ver con la liturgia y los colores de las casullas, que cambian según la fiesta que se celebre, y los zapatos iban a juego hasta que el rojo se impuso. Los peor pensados consideran que esta costumbre del rojo viene del imperio bizantino, donde solo la emperatriz, el emperador y el papa lo podían emplear, entre otras razones, porque se teñían las prendas con un caracolillo, el murex, que tenía un gran costo. Para los bienpensantes, el rojo proviene de la sangre de los mártires, que regó el suelo y que impregna el calzado papal, para comunicarle su fuerza al pontífice.

Es cierto que el hábito no hace al monje pero vivimos en un mundo que ha simplificado los uniformes o los ha suprimido (salvo los dependientes de los grandes almacenes para poder ser reconocidos por sus compradores y algún otro gremio) y que está más acostumbrado a los mensajes visuales que a los escritos. En la foto que precede a este artículo aparece un cardenal en full regalia (fue en una ceremonia del 2007, y la reproduce Redes Cristianas 30 agosto 2009). Lleva sotana de paño rojo, roquete, solideo, capelo, fajín de seda, calcetines rojos y una capa de seda de 5 metros de largo, que sujetan dos monaguillos.

Es un caso extremo, pero sinceramente creo que ha llegado la hora de un cambio pues otras instantáneas que vemos en los medios, no proyectan una buena imagen para una jerarquía que quiere seguir a Cristo. Bien está mantener tradiciones, que son bonitas y nos remiten a la historia, pero igual que ha dejado el papa de pasearse en una silla gestatoria, otras mudanzas tienen que venir y… cuanto antes mejor, pues dan una estampa horrible y además injusta de la jefatura eclesiástica ¿O no? Los nuevos nombramientos serían un buen momento para hacerlo.

Isabel Gómez acebo
Cajón de ilusiones
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